La vida empeñada

Pasados los gastos de fin de año y ante el impacto de la crisis económica en el país, las casas de empeño arrancaron 2009 con más actividad que otros años; la Condusef recomienda cautela.

Ricardo Ibarra

Foto: Giorgio Viera

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Valuador varios, dice el letrero de la ventanilla. Frente a ella, hay una fila que parece interminable. La llegada de gente es intermitente, pero continua. En esta área el personal del Nacional Monte de Piedad valora el precio de toda clase de artilugios que trae consigo una innumerable multitud de personas apuradas por obtener algunos pesos a cambio de sus pertenencias.

La calzada Independencia y el cruce de la avenida La Paz es ruidosa. Hay tantos carros afuera como individuos hay adentro del Monte de Piedad con necesidad de dinero. En el lugar, última esperanza para algunos de acceder al dinero en efectivo, nadie parece querer ser reconocido. La gente casi no habla, ni se saluda ni voltea a ver; ningún “buenos días”, “hola, cómo estás”. La cabeza está fija hacia delante, hacia el frente de la fila, esperando la respuesta del valuador que diga cuántos billetes va a soltar por las cosas que salieron de casa para ayudar a sobrevivir la ciudad, la casa, la familia, la vida.

Llama la atención que muchas personas traen herramientas de trabajo, las que se supone son su vía para obtener el sustento. Esto habla de que para muchos la crisis está de verdad grave.

Es una realidad desesperante.

Al preguntar a una mujer de unos 30 años si es su primera vez en el Monte de Piedad, no contesta. Sonríe nerviosa, nada más. Trae bajo el brazo un reproductor de DVD.

Delante de ella hay un señor que cuando llega a la ventanilla, tira tres veces su credencial de elector, aparentemente nervioso. Coloca sobre el mostrador un acordeón bien pulido, que parece tan nuevo que el azul aguamarina del instrumento musical parece tener el movimiento del mar, cuando la chica detrás de la ventanilla, dentro del pequeño cuarto, estira y repliega las cajas laterales produciendo un sonido desproporcionado, desafinado.

Es una escena sin armonía: el hombre con el cabello entrecano, la barba de una semana, camisa azul afuera del pantalón, abandona la música. No más norteñas por un rato.

La fila sigue. Llegan dos mujeres maduras con una pequeña niña. Cargan una gran televisión entre ambas. La dejan sobre una mesa y aprovechan para sacudirle el polvo con un trapo. La chica detrás de la ventana sale del cuarto, revisa el aparato, lo enciende, lo apaga.

— ¿Cuánto le dieron por su televisión, si no es indiscreción?

—450 pesos. ¿Tú crees? ¡Es de 25 pulgadas! —contesta una, como reclamando—.

En esta época del año, tras los gastos navideños, la cuesta de enero, Reyes, la Candelaria, el desempleo, la gente busca recuperar algo de crédito con el empeño de algunos bienes. Algunos los recuperan, otros no, pues después de cinco o 17 meses (en el caso de alhajas), si no se reintegra el dinero recibido, el producto empeñado pasa a ser propiedad del Monte de Piedad, donde cualquiera puede ingresar a su tienda a comprarlo. Cada mes implica 4 por ciento de interés sobre el monto prestado, más un costo de almacenaje. Muchos prefieren perder sus cosas.

Con sus matices, la escena se repite en otros lugares.

Israel Enciso lleva dos meses sin obtener empleo. Es obrero. Tiene prisa. En unos minutos tendrá una entrevista de trabajo. Ha visitado más de diez empresas, asegura, ninguna lo contrata. En compañía de dos de sus hermanas fue a empeñar una cadena de oro. Le dieron 140 pesos, diez por cada quilate. Con lo que recibió en Empeños Económicos Nacionales, un establecimiento justo frente al Monte de Piedad, alcanza a subsistir una quincena, dice. Planea recuperar su alhaja en un mes, si obtiene empleo.

Pero no la va a tener fácil. El INEGI recién reportó que en diciembre la tasa de desocupación en el país fue de 4.71 por ciento de la población económicamente activa, casi un punto porcentual por arriba que la de un año antes y una de las más altas en los pasados ocho años.

La cifra parece más elevada al ver llegar a más personas a la fila, tantas y tan diferentes como los objetos que cargan: una guitarra acústica, una máquina de coser, otra televisión, un compresor de aire, un taladro, un esmeril, una computadora, un minicomponente, un bajo…

Esta peregrinación es un fenómeno que no se circunscribe a Guadalajara. Gerentes de distintas sucursales del Monte de Piedad y casas de empeño han reportado, al igual que en la ciudad, un incremento con respecto al año pasado de entre 10 y 40 por ciento en el número de pignorantes que acuden a empeñar sus cosas en el país.

Prendamex es ejemplo de ello. En la llamada “cuesta de enero”, la franquicia nacional de casas de empeño privadas informó que vio incrementar la demanda de préstamos entre 10 y 15 por ciento y este año calcula prestar poco más de 1,500 millones de pesos a alrededor de dos millones de clientes en todo el país. Pero no todo es miel sobre hojuelas, según aceptó Roberto Alor, director general de la empresa, quien en una rueda de prensa brindada a finales de enero comentó que su porcentaje de cartera vencida se duplicó al iniciar este año, pues creció 15 puntos porcentuales para llegar a 30 por ciento (Público, 22 de enero de 2009).

Recuperar lo empeñado no es algo que por el momento parezca prioritario para quienes mantienen viva la fila en el Monte de Piedad. Ya se preocuparán de ello cuando se acerque la fecha de vencimiento de la boleta. Ahora, lo más importante es obtener algo de dinero, lo más posible, para sobrevivir el arranque del año y con esa esperanza siguen desfilando frente a la ventanilla de Valuador varios una guitarra, micrófonos, una videocámara, un telescopio… Todo lo que tenga valor y que no se note tanto su ausencia en la casa.

El panorama

La Asociación Nacional de Casas de Empeño (Anace) estima que en el país hay unos cinco mil establecimientos de este tipo

Con 152 sucursales en operación, el Nacional Monte de Piedad es la mayor de las instituciones de asistencia pública en México, que este año prevé realizar 24 millones de operaciones prendarias, dos millones más que en 2008, y prestar alrededor de 19 mil millones de pesos

Cada día acuden por lo menos 30 mil personas a empeñar algo al Monte de Piedad y del total de artículos dejados en prenda, 97 por ciento corresponde a joyas o relojes, para cuya recuperación otorga un plazo de hasta 17 meses, mientras que da cinco meses para artículos varios. La tasa de interés mensual es de alrededor de 4 por ciento

Según la Anace, la mayoría de las personas que recurren a un préstamo prendario son miembros de familias con ingresos mensuales menores a ocho mil pesos (40 por ciento de la población mexicana) y seis de cada diez pignorantes son mujeres de entre 25 y 45 años que, principalmente, acuden a las casas de empeño para atender urgencias de salud, pago de escuelas, saldar deudas personales o completar el gasto de la semana

Fuente: Nacional Monte de Piedad y Anace

Hay otras opciones: Condusef

La Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros de México (Condusef), recomienda solicitar un préstamo o crédito sólo en casos de auténticas emergencias, pues el interés en algunas de las casas de empeño puede ir desde 48 por ciento, como es el caso del Monte de Piedad, hasta 159 por ciento anual.

La institución también aconseja que antes de ir a una casa de empeño se solicite un préstamo a algún amigo, familiar o, si se cuenta con un trabajo estable, un anticipo de nómina.

(Haz clic para ver nota en el periódico Público)

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