No estamos solos

Los espías ya no son ficticios

Los espías ya no son ficticios en México

RICARDO IBARRA

Hay una noticia que los dueños de la telefonía celular en México ya saben y que no nos están diciendo: Todos los que utilizamos algún teléfono móvil debemos registrarlo con la compañía que nos proporciona el servicio, llámese Iusacell, Movistar o Telcel, antes del 13 de mayo de 2010.

¿Para qué? Dice el gobierno federal, encabezado por el presidente Felipe Calderón, que es por nuestra seguridad -hoy en día las tácticas del miedo se han vuelto tan usuales-, por lo que a principios de abril de este año, la Cámara de Diputados aprobó el Registro Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil, para combatir los delitos de extorsión, amenazas, secuestro y de la delincuencia organizada.

Pero hay otras razones: Al registrar nuestro móvil, con nuestro CURP o número de credencial del IFE, además de proporcionarle al gobierno y otras empresas nacionales y extranjeras, incluso bancos, nuestro domicilio y capacidad económica, con la nueva Ley de la Policía Federal, aprobada también por la Cámara de Diputados, curiosamente, el pasado 30 de abril, día en que los medios reproducían el pánico social con el tema de la influenza,  podremos ser rastreados por vía satelital. Claro, siempre y cuando a la súper organización policiaca que esta por formarse, le parezcamos sospechosos de cometer algún delito. Con esta nueva Ley de la Policía Federal, el gobierno con matices fascistas de Calderón podrá, además, escuchar o grabar llamadas telefónicas e intervenir comunicaciones vía internet, es decir, investigar sitios web o correos electrónicos. Y esto, aquí y en cualquier otro país, se llama espionaje.

¿A quién pretende investigar realmente el gobierno federal? Puede ser al narco, a secuestradores o cualquier mafia organizada. Pero también será una herramienta para vigilar a grupos “terroristas” o individuos “rebeldes” que demuestren públicamente su inconformidad con las acciones y decisiones del sistema político mexicano. La violación de la intimidad, en aras de la prevención del delito, sería una violación a nuestras garantías civiles y ciudadanas (que en teoría nos brinda la Constitución), un ejercicio antidemocrático que pretende instaurar una dictadura de la explotación y del control desmesurado.

La gran justificación del gobierno federal para imponer ambas medidas, tanto la del registro telefónico, como la del espionaje, son la llamada prevención del delito. Es aquí donde no comprendo el razonamiento de las autoridades mexicanas: La mejor estrategia para prevenir el delito, en cualquier comunidad humana, es mediante la garantía de sus derechos individuales, como la salud, la educación, el alimento, el techo, el esparcimiento; cuestiones elementales para una sociedad que pretende vivir en armonía.

Supongo que las autoridades mexicanas son incapaces de brindarnos al pueblo, lo que ellos sí gozan hasta el nivel de la opulencia y la desvergüenza.

Seamos sinceros. Todos lo sabemos: La Policía Federal necesita urgentes ajustes. Subsiste una severa falta de control de sus propios elementos e integrantes. La pregunta es: ¿A quién le será útil la información que recaben los espías policiacos?

Si estas leyes no se ajustan a un estricto sistema de control, se covertirán en un instrumento útil para funcionarios corruptos, y seguramente, en un daño para la vida pública, civil, democrática y organizada de la sociedad.

Por cierto, quien no registre su teléfono celular antes de mayo de 2010, no tendrá acceso al servicio telefónico móvil: Es una orden federal.

Discusiones pachecas

globalmarihuanamarch

RICARDO IBARRA

Han sucedido dos fenómenos en torno al consumo de las drogas en México: Primero, que a partir de la psicosis creada por ese mítico microbio aéreo y contagioso, bautizado por los sacerdotes de la ciencia como Influenza A-H1N1, el junkie, drogadicto, enfermo o como quiera llamársele al consumidor habitual de estupefacientes, ya no puede ejecutar esa vieja leyenda del rolling stone, es decir, rolar la piedra, ese ejercicio que hacía comunitario el hábito de enredarse en el cielo con Lucy.

Segundo, y no menos importante, son las discusiones, pocas, que genera la ley de narcomenudeo que aprobaron el Senado de la república el 30 de abril -días de paranoia virulenta en México- y en días recientes, el 8 de mayo, la Cámara de diputados… Y lo que revelan algunas de esas discusiones pachequísimas es pleno desconocimiento y falta de información, tanto en los foros persona a persona, como los virtuales, en Internet.

Para nuestro mal viaje, los medios de comunicación nacionales y regionales han vertido a los ciudadanos pocos elementos para discutir plenamente, con sustento y conocimiento de causa, esta pronta reforma a la constitución mexicana que permitiría al junkie, drogadicto, enfermo, dependiente, planeador del infinito o buscador de Dios, portar mínimas cantidades de opio, heroína, cocaína, marihuana, cristal, LSD, y metanfetaminas.

La desinformación hace que cualquier debate sobre el tema sea un mal viaje.

Lo que sabemos es que la reforma para despenalizar la posesión de pequeñas cantidades de drogas fue una propuesta que presentó al Congreso el mismo presidente del país, Felipe Calderón, el 2 de octubre del año pasado -como para hacerle ruido a los 40 años del asesinato de estudiantes universitarios en la ciudad de México-. Lo hizo, según dijo entonces y mantiene hasta ahora, para avivar su cruzada contra el narcotráfico y calmar la violencia que éstos generan en las calles.

Hay que recordar, que esta misma propuesta fue vetada por Vicente Fox durante su fantástico reinado en Foxilandia, pero en mayo de 2006.

La aprobación de esta ley de narcomenudeo por ambas cámaras sucede un par de meses después de que la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, la cual integra nuestro ex presidente Ernesto Zedillo, concluyera que es urgente evaluar la despenalización del consumo de la mariguana, fortalecer el tratamiento de adictos y emprender “una lucha implacable” contra el crimen organizado que ha infiltrado las instituciones.

En el momento en que estamos, sólo falta que Felipe Calderón apruebe la medida, convertirla en ley y publicarla en el Diario Oficial de la Federación. De ahí, el plazo para que la droga “individualizada” pueda circular en la cartera o en la guantera del coche es de un año.

Aún así, quedan muchas dudas con esta ley, que aplicaría a partir del próximo año: 2010.

Si el estado mexicano, como actualmente comprobamos, no puede controlar un brote irregular de gripe, cómo aplicaría esta ley de narcomenudeo en un territorio como el nuestro, con su larga historia en pobreza, corrupción, impunidad, tráfico de influencias, agresión policiaca, y además, con el apoyo del ejercito mexicano.

Es aquí en donde la “lucha imparable” podría dirigirse no al narco, sino a los movimientos armados que subyacen en la orografía nacional.

Recordemos: 2010 es una fecha mítica para el revolucionario mexicano. Ocurrió en 1910 (Revolución Mexicana), en 1810 (Independencia). Y en México hay por lo menos 19 grupos armados identificados por el gobierno federal. Muchos de éstos en el sureste mexicano.

¿Será ésta una medida para enrarecer el ambiente y facilitar la agresión del estado mexicano contra el pueblo, harto de tanta explotación?

Recién ocurrió en Chiapas, en donde el hostigamiento del Estado comenzó a operar contra miembros del EZLN. El 21 de abril fue detenido y ocultado por más de 80 horas el zapatista Miguel Vázquez Moreno, cerca de las cascadas de Agua Azul, donde operaba una camioneta de transporte para turistas. Luego, la madrugada del 26 de abril, paramilitares vinculados con un partido político de la región descargaron más de 60 tiros en una casa de otro zapatista, en el Municipio autónomo comandanta Ramona. Ese día sobrevoló incluso la zona un helicóptero de seguridad pública.

También hará falta resolver el aspecto sanitario. ¿Funcionarán y serán suficientes los centros Nueva Vida que impulsa el gobierno calderonista? Además, ¿conviene que el tratamiento sea obligatorio a partir del tercer reporte del ministerio público? ¿Es necesario este vínculo entre justicia y salud? ¿Qué organismo regularía a ambos?

Otro punto: ¿Los policías traerán en sus patrullas pequeñas básculas para pesar los gramos y miligramos de droga que la ley permitirá, o como siempre, harán de las suyas hasta el exceso de la tranza y la corrupción, al llevarse a cualquiera joven malafacha al cuartel sembrándole la droga en sus bolsillos? Y hay que destacarlo: A quien porte más de lo permitido, se le impondrá prisión de cuatro a ocho años y de 200 a 400 días de multa “a quien sin autorización comercie o suministre, aún gratuitamente, narcóticos (…) en cantidad que resulte de multiplicar por mil el monto de las previstas en la tabla”.

La despenalización de la droga en México, tal como esta ahora el sistema político, económico, judicial, educativo y de salud, es como proporcionarle cerillos a un niño curioso e hiperactivo, solo en su casa, sin la vigilancia de sus padres.

Esta ley es sin duda la usurpación de un negocio, o por lo menos, pasará al control de unos cuantos. Hay más preguntas: ¿quién se queda con el fructífero negocio?, ¿a quién dejarán operar las llamadas narcotienditas?, ¿quién decidirá cuáles permanecen y cuáles no? Esto es, señores, la preservación del territorio por los cárteles y la distribución de la riqueza generada por el narcotráfico para unos cuantos, incluidos narcos, empresarios y funcionarios públicos.

Es todo. Espero no haberlos malviajado… demasiado.

La mala influencia

Psicosis en Guadalajara

Psicosis en Guadalajara

Léelo en Primera Fuente, de Argentina (Haz clic aquí)

Léelo en Rapsoda, de Lagos de Moreno (Haz clic aquí)

RICARDO IBARRA

Contemplar las imágenes de una ciudad de México desierta, aunque sea vía televisión, es un hecho sorprendente, un suceso que se antoja para archivarlo en el registro histórico del fin del mundo, o algo así. Imaginarse a los más de 20 millones de habitantes del centro del país recluidos a un aislamiento domiciliario por el pánico, la paranoia y el terror de convertirse en víctima de un virus derivado del puerco, que según anuncian los medios de comunicación nacionales tiene la capacidad de matar, y lo peor, de tranmsmitirse entre humanos con tan sólo saludarse de mano, besarse o al mantener una conversación frente a frente, es inaudito. La ciudad de México experimenta desde la semana pasada su encuentro más cercano con el miedo.

La noticia revienta el jueves 23 de abril, en voz del Secretario de Salud, quien declara que existe una epidemia de Influenza en el centro del país.

Y la televisión infecta al resto de los mexicanos: en la ciudad de Guadalajara, donde radico –a 542 kilómetros de la ciudad de México–, y en la cual hasta la fecha no se ha dado un solo caso de personas afectadas por la ahora llamada influenza humana o virus H1N1, es notable el mismo patrón de influencia virulenta. Muchos salen del bunker hogareño con cubrebocas; algunos llegan al extremo de utilizarlo mientras conducen, solitarios, sus coches por las calles abandonadas y con los cristales herméticamente cerrados, como si alguno de esos demonios bíblicos pudiera infiltrarse por el sistema de ventilación hasta corroer más que el pensamiento, el cuerpo completo. Los restaurantes, teatros y otros espacios comerciales fueron obligados por el gobierno federal a manternerse cerrados; no son pocos los que desobedecen a la autoridad, en particular los bares –el escape etílico es crucial en tiempos epidémicos–. En los supermercados, las multitudes realizan compras de pánico; los cochecitos de servicio en donde los consumidores depositan cloro, vitaminas, jugos cítricos y alimentos enlatados, son previamente desinfectados con mangueras que lanzan agua esterilizada bajo presión. ¿Estornudar o toser? Ni en broma, uno podría ser linchado por los más cercanos, o por lo menos convertirse en mártir de la exclusión espacial y recibir miradas combativas. Incluso a los bustos distribuidos en la ciudad les han puesto los famosos cubrebocas azules: convertidos ahora en iconos del miedo.

La paranoia colectiva que ha inspirado el Estado mexicano con sus medidas sanitarias extremas parecen justificar la agresión entre los seres humanos. Los saludos, los abrazos, los besos, hasta los actos sexuales, vistos únicamente por televisión, parecieran una alocada fantasía en este ambiente de tensión social. La radio, los periódicos, la televisión, utilizan el fenómeno para reintegrar a su antiguo auditorio, antes alejados de estos medios por el simple desinterés a la información o por la reciente crisis económica mundial, que evita que los usuarios compren palabras en los puestos de revistas.

La epidemia es lo que los medios de comunicación necesitaban para su propia sobrevivencia. Existen segmentos de la población que se infecta por la influencia mediática. Varios de los cientos que han arribado a los hospitales públicos o privados tienen gripe común, infectados psicosomáticos por hipnotismo televisivo. –El sector más pobre no sabe qué hacer en casa más que dejarse absorber por la cajita infeliz–.

El ambiente pareciera funesto parta muchos. La cuenta acumula casi mil infectados en 20 países del globo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), casi todos ellos en México. Esta misma institución –controlada por el G7– mantiene la alerta mundial en el nivel 5, al borde de la pandemia. No existe vacuna contra el virus, dice. Hay que producirla. Varios laboratorios alzan la mano. Un remedio tendría un costo de millones de dólares, y varios países la tendrían en su lista de compras. Pero, lo cierto es que en México han muerto poco más de 20 individuos –sin nombre hasta ahora– a causa de la misteriosa influenza humana, cuando durante los años 2005, 2006, 2007 murieron en este país alrededor de 15 mil personas por problemas respiratorios. La OMS calcula, además, que cada año mueren entre medio millón y un millón de personas por la gripe; una cifra difícil, porque esta infección subyace en otras defunciones, como las causadas por las neumonías. Otro dato: la OMS infla el nivel de la epidemia a categoría 5, el mismo nivel que tuvo la gripe española a principios del siglo pasado, y que mató a un promedio de 40 y 100 millones.

Esta llamada influenza humana mata sólo en México porque hay una deficiente administración de la salud pública, con instituciones corruptas, como es sin duda el Instituto Mexicano del Seguro Social.

Lo que preocupa es cómo se va a recuperar el país luego de que este miércoles 6 de mayo concluyan nuestras vacaciones VIP (Virus de Influenza Porcina). Y con una deuda económica enorme, en medio de una severa crisis económica mundial: el secretario de Hacienda endeudó a México con 205 millones de dólares procedentes del Banco Mundial “para contener el brote de influenza”. Sin los principales ingresos: venta de petróleo –lo más seguro es que lo que queda en territorio nacional, pase directo a las máquinas de Estados Unidos, uno de los países manipuladores de la OMS, del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial–; sin turismo, sin remesas provenientes de los migrantes residentes en Estados Unidos, con la demanda interna desmovilizada por el receso de las actividades comerciales, educativas y administrativas.

La verdadera epidemia está por venir.

El descontrol informativo generado desde el gobierno de Felipe Calderón, multiplicado por los medios de comunicación, y resentido por la población, no anula el auténtico caló mexicano, que circula de cubreboca en cubreboca: “Cría puercos y te sacarán los mocos”.