El retorno a los murales

Jesús López Vega posa abrigado por su mural, en el Centro Cultural de Ajijic. Foto: Edmundo Pacheco

Jesús López Vega posa abrigado por su mural, en el Centro Cultural de Ajijic. Foto: Edmundo Pacheco

RICARDO IBARRA

Cuando el pintor Jesús López Vega comienza a relatar el reciente apogeo de los murales pictóricos distribuidos en distintos puntos, tanto de Chapala, como de Ajijic, detalla, en principio, por qué ha resurgido en esta región la fuerza pública del muralismo.

Como nubes, el lago de Chapala atrajo durante el siglo XX a una considerable cantidad de renombradas mentes internacionales. Y descargaron en estos escenarios algunas de sus obras. En esta atmósfera de paraíso terrenal escribió el inglés P.H. Lawrence, el libro La serpiente emplumada. En estos mismos parajes residió otro nativo de la Gran Bretaña, Aldous Huxley, autor de la célebre novela Un mundo feliz. El pintor mexicano David Alfaro Siqueiros habitó una antigua posada del lugar. Aquí encontró imágenes narrativas Agustín Yáñez, mismas que soltó en Flor de juegos antiguos. Pero quien más efectos logró entre los lugareños y en su perspectiva artística, fue la norteamericana Neil James Campbell, según la recuerda el muralista nativo de Ajijic, López Vega.

Esta mujer, describe el pintor, llegó a la zona para recuperarse de una caída que partió en tres una de sus piernas, durante una caminata por el volcán Popocatépetl. Le recomendaron sumergirse en las aguas termales de San Juan Cosalá –a unos kilómetros de Ajijic–, y lo hizo. Disfrutó tanto la región, que llegó para quedarse por los siguientes 50 años. Tras convivir con las ideas de Diego Rivera, Frida Kahlo, José Vasconcelos, incluso con algunos maestros del Japón, decidió abrir en su casa un taller de pintura para niños. Vivió en ese sueño de los 48 a los 98 años.

Egresaron del laboratorio, artistas que hoy tienen eco en vocablos internacionales. Entre ellos: Javier Zaragoza, Florentino Padilla, Antonio Cárdenas (conocidos como la primera generación); Armando Aguilar, José Castañeda, Antonio López Vega (segunda generación) y Juan Navarro, Daniel Palma y el mismo Jesús López Vega (tercera generación).

El taller aún existe, tiene 52 años de existencia en la antigua casa de James Campbell, conocida hoy como el Lake Chapala Society, y los niños aún frecuentan ahí los colores, formas y texturas.

En 1982, cuando el agua comenzó a alejarse de las orillas convencionales de Chapala, López Vega y otros artistas descubrieron en la arena piezas de barro con estilos de corte prehispánico. Esa experiencia, junto con otras vivencias que compartió con los grupos de huicholes que arribaban a uno de sus cinco principales centros sagrados, Xapawiyemeta (conocida como la Isla de los Alacranes, en el interior del lago), cambiaron su percepción del arte y la vida. Los elementos indígenas jamás abandonarían su trazo.

Ahora que el lago logró recuperarse gracias a los distintos trasvases de años pasados, hizo crecer también el arte en los espacios públicos. Y emergió con la escuela muralista. La añoranza por aquel pasado encantador de Chapala, sin ruido ni bullicio, sin anuncios publicitarios por encima del paisaje natural, la plenitud de vegetación y vida, crea en algunos artistas locales nostalgia y añoranza por lo que era.

“En los años setenta”, relata López de Vega, “comienzan a llegar olas de extranjeros, pero ya no con ese carácter altruista de aquellos primeros años del siglo XX, sino otros, con la mentalidad de hacer business. Entra el tiroteo de los bienes y raíces, que es lo que controla aquí la economía. Son más de 20 organismos, de estos, que nosotros hemos contado. Empieza la cuestión burocrática entre ayuntamiento y extranjero, sobre la plusvalía de las tierras. Por herencia de mis abuelos nosotros tenemos una tierra muy grande, pero nosotros no podemos habitar ese terreno porque la plusvalía está a mil 500 pesos el metro cuadrado. Es una locura. Para hacer una subdivisión, prácticamente tendríamos que volver a comprar el terreno”.

Estos conceptos forman en la mentalidad del artista una añoranza, y a la vez, “cierto coraje y reclamo hacia lo que antes era el pueblo”.

Su reciente mural, “El nacimiento de Teo Michicihualli”, inaugurado apenas en julio pasado en el Centro Cultural de Ajijic –y que tardó dos años y medio en concluir–, describe un viejo mito compartido entre los ribereños, la de la relación entre la luna, el lago y el espíritu femenino que lo custodia: Michicihualli. Tiene otros componentes, como algunas de las piezas extraídas del lago cuando estaba seco, y que eran ofrendadas por los antiguos lugareños al agua y su espíritu. Contiene símbolos huicholes, como el híkuri, el niérika y el tzikuri. Por este trabajo, López Vega recibió 76 mil pesos, con apoyo del PACMyC, el ayuntamiento de Chapala y donaciones altruistas.

Uno de los primeros talleristas de la escuela de James Campbell fue el señor Javier Zaragoza, quien actualmente traza el mural que llevará por nombre “La ribera del lago de Chapala”, en un viejo muro de contención situado en un costado de la primera carretera que iba de Guadalajara a este sitio, cerca ya del centro y a un costado del malecón. Alrededor de 50 metros de muro que planea terminar en diciembre de este año.

Al igual que López Vega, y como los tlacuilos de épocas prehispánicas –narradores de la historia a través de la pintura–, Javier Zaragoza, con su look al estilo de un Hunter S. Thompson tropical, retrata los distintos episodios de Chapala, desde su conquista por los españoles, su participación en la Independencia, la llegada del tren, la pesca, el comercio y los días recientes.

Mientras haya agua habrá vida en Chapala, y si hay vida, habrá arte.

¿Festejo?
El 9 de agosto celebramos el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, por decreto de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
La Declaración de la ONU sobre los derechos de los pueblos indígenas enfatiza aspectos que no han sido acatados por los gobiernos de México ni del mundo, como los principios de igualdad y no discriminación. Establece el derecho a la autodeterminación y al mantenimiento y fortalecimiento de sus particulares instituciones políticas, legales, económicas, sociales y culturales, conservando igualmente su derecho a la total participación en la vida pública.

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