Mismo sexo, ¿misma casa?


La Opinión

Ricardo Ibarra

SAN FRANCISCO.— Paciencia es una de las virtudes que tendrá que desarrollar la comunidad gay de California. Al menos, hasta que en diciembre la Corte Federal de Apelaciones del Noveno Circuito decida si es o no constitucional el matrimonio entre parejas del mismo sexo.

La Corte Federal suspendió la decisión del juez Vaughn Walker, quien en días recientes había autorizado los matrimonios entre parejas del mismo sexo a partir de este miércoles 18 de agosto, a las 5:00 p.m.

Ahora las uniones legales de gays y lesbianas tendrán un suspenso indefinido, pues la Corte escuchará del caso hasta diciembre de 2010, y el proceso podría continuar hasta el próximo año, cuando posiblemente llegue hasta la Corte Suprema de Estados Unidos.

El director de asuntos gubernamentales, Mario Guerrero, adscrito a la organización California por la igualdad, explicó que la Corte Federal tendrá que decidir dos asuntos: “Uno es si los opositores, los que apoyan la Proposición 8, podrán apelar”. La segunda se deriva de esta primera elección: “Si eligen que pueden apelar, entonces escucharán el caso y darán su decisión sobre si la Proposición 8 es constitucional o no”.

La Proposición 8 fue votada por los electores de California para eliminar el derecho al matrimonio entre parejas del mismo sexo, en 2008. De manera que la Constitución del estado sólo reconoció la unión civil entre hombres y mujeres.

En este caso, son tres jueces los que integran la Corte Federal de Apelaciones. Edward Leavy, Michael Daly Hawkins y Sidney R. Thomas. Dos de ellos con más tendencias liberales que otro. Esto no es lo relevante, sostiene Guerrero. “Nosotros creemos que los argumentos son lo importante, los mismos con los que el juez Walker tomó su decision para habilitar a la comunidad gay para casarse”.
¿Cuáles son esos argumentos? Pues que la unión legal entre homosexuales no daña la institución del matrimonio. Que tampoco perjudica a los niños sostenidos por estas parejas, y al contrario, los pequeños podrán disfrutar de los mismos apoyos y atenciones que los hijos de un matrimonio heterosexual.

Mario Guerrero, de la organización sin fines de lucro, tiene claro que la discusión llegará hasta la Suprema Corte. Entonces, “no sabemos qué es lo que pueda suceder. Seguramente, tendremos que volver a proporcionar nuestros argumentos, como también lo harán quienes apoyan la Proposición 8. La Corte Suprema tendrá la habilidad de decidir si es constitucional negarle la libertad de casarse a las parejas del mismo sexo”.

La Corte Suprema también tiene la facultad de no escuchar el caso y dejar la decisión a la Corte Federal de Apelaciones o la Corte de Distrito, “entonces quedaría habilitado el matrimonio entre parejas del mismo sexo”, sentencia Guerrero. Y remata: “Es un juego de espera”.

“Los esfuerzos no paran aquí. Tenemos que seguir y no sólo en las cortes, sino en el rango público. Necesitamos conversar con la familia y la comunidad, expicar por qué es importante para nosotros el matrimonio civil. Hay que seguir apoyando a lideres estatales que apoyan a la comunidad gay. La lucha no es sólo en las cortes, también hay que ganar en la decisión del público”, dijo.

Vestidos y alborotados

En México, cuando el novio jamás aparece en el altar para comprometerse con su novia, ante la ley divina, se dice que ella quedó “vestida y alborotada”.

Eso parece que sucedió con la pareja homosexual formada por José Jiménez —42 años, originario de México— y Jimmy Tilley —28 años, de Sequim, Washington—, cuando supieron que no podrían unirse legalmente este sábado 21 de agosto, fecha tentativa para su boda en el City Hall de San Francisco.
Los trajes quedaron adentro del clóset. Los vuelos de familiares y amigos fueron cancelados. Los anillos de compromiso en el interior del estuche. La ilusión en el calendario.

“Estamos decepcionados y tristes, pues no esperábamos esta decision”, confiesa Jiménez. “Sabíamos de la posibilidad, pero no lo esperábamos. Entre mi pareja y yo no cambia nada. Somos los mismos, pero las protecciones civiles que te brinda el matrimonio no las tenemos. Ojalá el próximo año podamos casarnos”.

José y Jimmy tienen más de cuatro años juntos. En 2008 decidieron unir sus vidas bajo el resguardo legal del matrimonio, cuando hubo posibilidad. No lo lograron. Desde entonces piensan en la boda. “Nuestras vidas son iguales a otra pareja casada, sólo que no tenemos los derechos civiles”, expone Jiménez.

Aunque en Ciudad de México fue abierta la discusión respecto a la adopción de niños entre matrimonios homosexuales, y es possible hacerlo en otros países, como Argentina o España, Jiménez asegura que este tema no es relevante en su relación. “No estamos en esa parte de nuestras vidas. No es algo que queramos hacer ahora, pero en unos dos años o cinco o los que sean, hablaremos de la adopción”.

José Jiménez pertenece al grupo de las minorías y la de los discriminados en Estados Unidos. Tiene ascendencia mexicana y es homosexual. Su vida es una constante lucha. Sabe lo que es exigir derechos ciudadanos.

Este es su desenlace: “Algo que los latinos hemos tenido en toda la historia de Estados Unidos es la discriminación. Como latinos tenemos que estar juntos. Las decisiones de las cortes afectan a muchas familias con integrantes gays o lesbianas. A todos nos afecta. Todos somos iguales. Buscamos algo mejor. Cuando mi mamá llegó a Los Ángeles quería que todos sus hijos fueran felices. Yo soy el único que hasta ahora no puede casarse”.

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