Gay Parade San Francisco

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Sodoma, ¡ahora!

Ricardo Ibarra

SAN FRANCISCO.- Esta es una ciudad biodiversa, en donde el inglés es mascado con los sabores de distintas lenguas. Es una zona multiracial y multisexual. Camino a cualquier bar puedes ser asediado con el clásico grito de “I love you”, lanzado desde la ventana de algún coche en movimiento, pero no siempre proveniente del pecho de alguien del sexo opuesto. No es broma. Sentado en uno de los sillones de una cantina, intoxicado en alcohol, charlarás con personas. Pero pasados algunos minutos te preguntarán si eres gay: “sólo por corroborar, sabes… es San Francisco”.

Una de las avenidas principales de la ciudad es Market. Atraviesa las áreas comerciales. Cualquier día del año a cualquier hora podrás ver colgando del alumbrado público las banderas arco iris que representan a la comunidad LGBT. Es, pues, para decirlo con palabras, la ciudad gay del mundo. Claro, también flotan por todos lados las banderas de las barras y las estrellas, para no perder la equis en el mapa.

Ser straight tiene sus consecuencias. Aunque no todos ni todas son homosexuales, es complicado lograr una comunicación efectiva con los otros, cuando no es el lenguaje del amor, el placer o el deseo los que construyen el puente. Como toda metrópoli, los individuos son eso: fragmentos disueltos en el todo, especies solitarias que no vibran unas con otras. Salvo en ocasiones especiales. Cuando la energía magnetiza al otro con niveles similares de atracción.

Caminar con un saco largo, gorra, una mochila repleta sobre los hombros, una sleeping bag atada al bulto y una cobija bajo el brazo, puede emitir cierta frecuencia en las relaciones humanas: los homeless son locos que no dejan de hablar consigo mismos y si tienes facha de que andarás cerca del territorio, los tendrás en tus espaldas buena parte del recorrido.

Andar por el downtown, debajo de tantas estructuras largas y estilizadas, crea la sensación de estar en el fondo de un lecho marino, con una multiplicidad de peces extraños devorándose unos a otros. Las ráfagas de viento de hasta 40 hilómetros por hora pueden simular las corrientes submarinas del fondo oceánico. Las banquetas son, en todo caso, el abismo de los rascacielos.

El San Francisco Pride Parade en sus 40 and fabulous, ocurrido en julio de 2010, tuvo como centro, el falo. Bajo los largos edificios. En representaciones de goma. Plasmado en camisetas. En figura de instrumento de placer. En un espectáculo oculto a los ojos del público detrás de unas sábanas, donde un hombre negro acariciaba su pene con aceites frente al morbo de los otros.

Aquí están algunas postales de aquel festival ocurrido en mitad del 2010. Que sean las imágenes las que hablen de chichis, nalgas y pitos.

Milenio

La Jornada

Sensacional D

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