La vasta devoción

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Ricardo Ibarra

El Mensajero

Galería en Impremedia

La madre tierra es extensa, como es la capa de estrellas que recubre a la virgen de Guadalupe, visión contemporánea de la vieja Tonantzin de los mexicas o aztecas, símbolos de unión entre el ser humano y el planeta vivo.

También es vasta la fe de los peregrinos que desde México llegaron a Estados Unidos cargando a sus dioses. Se les puede ver en la romería que la mañana del 11 de diciembre inicia en el templo All Souls de South San Francisco y culmina en la catedral de St. Mary en San Francisco, más al norte. Llevan la figura de la “Morenita del Tepeyac” en mochilas, reflejada en cuadros, playeras, gavanes, impresa en la memoria, sellada en la oración, estampada en botellas plásticas con agua.

En algún momento fueron los aztecas quienes cargaron sus propias deidades en la búsqueda de su tierra sagrada, desde Aztlan, cuando alcanzaron Tenochtitlan, en el centro de la actual ciudad de México.

Una señora que dice llamarse María, es originaria de algún lugar de aquel país. Lleva caminando cerca de siete horas, en un viaje que terminará con 12 millas en sus pies (alrededor de 20 kilómetros). Abraza un cuadro con la imagen de la Guadalupana. Suda. No se detiene ni para hablar. Dice: “Estoy dándole gracias a la virgen por todo lo que nos dio en el año, que nos ha bendecido, y agradecerle infinitamente lo que hace por nosotros”.

Cuando los peregrinos alcanzan la explanada del St. Mary’s comienzan los vivas, los hurras y las danzas emplumadas. La figura de la virgen de Guadalupe es cargada por los aires por un grupo de piadosos denominado Cruzada Guadalupana de San Francisco. Parece cualquier zócalo mexicano, con los vendedores de churros, fritangas, frutas, pero en lugar de la “vitamina T”, que componen las clásicas tortas, tostadas y tamales, hay hot dogs: nada mal después de una larga caminata, con tocino, cebolla y chiles verdes.

Blanca Ramos come un elote untado con crema y queso. Es oriunda de Michoacán. De Apatzingan, un poblacho donde en días recientes los devotos de Huitzilopochtli —dios azteca de la guerra—, derraman sangre en nombre del control del narcotráfico. Ella reza por eso.

“Es un día especial para darle gracias a dios por todo el año pasado y que el próximo nos dé lo mismo o más. Hay una balacera muy fuerte: policías contra narcotraficantes. Pedirle (a la virgen) por mi familia, pues tengo a mi madre y a mis hermanos en Apatzingan”, comenta para una video cámara.

Las rutas sagradas animaron los caminos antiguos en los tiempos originales, como el de los mexicas a los bosques y aguas de Chapultepec, o a Chalco, aún con vida gracias a la fuerza danzante de los mexicanos. O como el que mantienen con dificultades los huicholes en su vía al terreno cósmico de Wirikuta, desde Jalisco hasta algún lugar de San Luis Potosí.

Acá, de este lado, el México que no se desdibuja ni decolora, como los tatuajes del alma, cruza la frontera con todo y su amor, su fe y su pasión. Con o sin documentos.

2 Comentarios

  1. El rostro de la virgen morena es el de cada fiel que le sigue y le dice que la ama, que dedice entregar la vida al maximo de los propositos: amar por sobre todas las cosas. Un verdadero honor haber nacido de esta raza de cobre, y ser de ella tanto como ella lo es de nosotros.

    Un saludo desde http://lunare.wordpress.com/ ojala pueda pasar a dejar un comentario en mi blog, gracias de antemano.

  2. Este es el México que no se desdibuja. Fecilidades, felicidad y saludos.

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