La llegada de los dioses

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Las enigmáticas piedras salvajes del arte olmeca llegaron al de Young Museum, desde las selvas de México

Ricardo Ibarra

SAN FRANCISCO.– La última vez que había visto una de las colosales cabezas olmecas fue en La Venta, Tabasco.

Hundido en la tierra húmeda el rostro lanza una mirada fija, inquietante como un animal salvaje petrificado que no puede hacer daño, aunque no deja de conmover algo interior. El vapor denso de la selva tropical está infestado de mosquitos creando una atmósfera densa, nublada y caliente. En ese marco de jungla, calor y gruesa presencia marina fueron vueltos piedra esas deidades preservadas para esta civilización de rascacielos, comunicación satelital y guerras cibernéticas. 3,000 años después.

Esta última vez que me encontré con las cabezas fue en un ambiente por completo distinto a su entorno original, expuestas en un ambiente limpio, bajo techo, con una iluminación planeada y dirigida, clima artificial y controlado, la enorme cabeza como fiera enjaulada me miraba en un edificio levantado con láminas de cobre como es el de Young Museum, asentado en el vegetativo parque Golden Gate de San Francisco, en la exhibición intitulada Olmeca.

En las salas de la exposición todos los entrevistados comentan lo mismo: esta es una muestra única. Quizá no se vuelva a repetir, afirman algunos. “La oportunidad de una sola vez en la vida”, según John E. Buchanan, director de los Fine Arts Museums de San Francisco, que incluye al de Young y Legion of Honor.

La razón por la cual llaman “colosal” a esta exhibición, es porque por primera vez las enormes cabezas olmecas salen de las selvas y museos de México para echar un vistazo a este lado del muro fronterizo. También por la cantidad de piezas que lograron reunirse: 140 objetos provenientes de doce museos mexicanos y de ocho colecciones privadas, como explicó el director del INAH, Alfonso de Maria y Campos.

Los papeles para que salieran de sus pueblos originarios estos vestigios del México monumental los proporcionó el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia), quien junto con el museo de Xalapa y el de Young, lograron transportar lo que llaman las “obras maestras colosales del México antiguo”.

Desde la zona arqueológica de Tres Zapotes, en las tierras bajas del Golfo de México, llegó al de Young la cabeza que inicia el recorrido museográfico. Una roca de basalto de donde emerge un rostro antiguo, pero que fácil podríamos identificar con cualquiera de los actuales pobladores de las zonas indígenas del sureste mexicano.

La otra cabeza es única en su tipo y destaca también entre los monumentos de las épocas precuauhtémicas, pues es de las pocas, si no es que la única, que tiene un gesto simpático y sonriente, sin la ferocidad jaguar que caracterizan a estas obras que antecedieron a las que formarían después las civilizaciones toltecas, aztecas, mayas, zapotecas o mixtecas.

John E. Buchanan platicó para El Mensajero sobre esta exposición: “Queríamos hacer esto porque es una revelación de los más recientes descubrimientos arqueológicos e históricos de la cultura olmeca, no solo hay objetos que han sido públicos por cien años o más, sino objetos recién desenterrados, lo cual la hace una exhibición sensacional”.

Al referirse al arte y el estilo de las obras, dijo que “el alma de cada pieza es lo que las hace tan fascinantes y cuando uno piensa que esto fue hecho hace tanto tiempo, por artistas y artesanos que crearon estas imágenes con otras piedras o con arena, no con herramientas eléctricas o metales, es realmente increíble, porque fueron labradas en los periodos más remotos”.

El director del INAH, De Maria y Campos, destacó de esta muestra una pieza conocida como El Entierro. “Son 30 figuras pequeñas alrededor de un jefe. Es un objeto con más de 50 piezas, en una ceremonia religiosa o política, donde están en conversación con un jefe, lo que demuestra una civilización donde hay dialogo, espiritualidad, política y están asociados a una cultura civilizatoria establecida y que no es nómada, sino tiene sus templos, su vida cotidiana y es una pieza importante y única porque no hay otros entierros. Hay 13 o 14 cabezas, pero entierros es el único”.

La especialista en esas salas llenas de dioses vueltos piedra era Sara Ladrón de Guevara, directora del Museo de Antropología de Xalapa, quien comentó que a pesar de tanto misterio alrededor de esta cultura primigenia, “suponen” que las cabezas olmecas “representan retratos de los gobernantes que disponían en las ciudades para mostrar su poder y su grandeza”.

Estos hombres dioses, algunos mitad humanos-mitad jaguares-mitad dioses llegaron a esta ciudad para revelar la grandeza de un México remoto.

El cónsul mexicano de San Francisco, Carlos Félix Corona, quien lucía una contrastante corbata con dibujos del calendario azteca, invitó a los mexicanos radicados acá a que visiten esta muestra: “Esto nos debe hacer sentir orgullosos por la gran cultura… nos conecta con las raíces como mexicanos y es una aportación para la civilización mundial”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s