Escapar de México, y contarlo…

SAN FRANCISCO — Él es Saúl Reyes Salazar, sobreviviente de la familia Reyes, de Ciudad Juárez, activistas por más de 40 años en esa frontera. Seis de sus familiares han sido asesinados desde el año 2010 a la fecha. Sospechan del ejército mexicano y la policía federal. El pasado 19 de enero obtuvo asilo político en los Estados Unidos. Vivía amenazado de muerte.

Llegó a esta ciudad para contar su historia, porque “después de seis muertos, no puedo quedarme callado”. Antes, pasó por Sacramento, donde en reunión con senadores platicó su experiencia mexicana, para por fin, imponer normas legales a la administración de Barack Obama que permitan detener el incontrolable flujo de armamento desde este país hacia México.

Saúl Reyes, desde el recién fundado Eric Quezada Center, en el 518 de la calle Valencia, contó entre lágrimas, una vez más, su relato.

La historia narrada

Palabra de Saúl Reyes:
“La voz de mi hermana, Josefina Reyes, fue una de las primeras voces en contra de los feminicidios en Juárez, y a más de 10 años de este genocidio en contra de las mujeres, no hay claridad en las investigaciones, no hay justicia, no hay nada. Seguimos como al principio.

A partir de 2008, la violencia toma niveles graves, desde marzo, cuando quien se dice presidente de México, Felipe Calderón, militariza Ciudad Juárez, y el valle, y comienzan la persecución política, la desaparición, la tortura, los allanamientos de morada y la violación de los derechos humanos en toda su capacidad por miembros del ejército mexicano y cárteles protegidos por estos mismos.

La segunda agresión en contra de mi familia fue el secuestro de mi sobrino Julio César Reyes, hijo de Josefina, por 16 días, y que después de mucha presión al ejército, lo liberaron.

Apenas fue liberado, se estaba recuperando por la intensa tortura, cuando fue asesinado.

No hay investigación sobre el caso no hay ni una pista, aun cuando una patrulla militar estaba a menos de 200 pies de distancia de donde fue el asesinato.

El día 3 de enero de 2010 fue asesinada Josefina Reyes, la activista más reconocida en el valle de Juárez, en ese tiempo y hasta este momento.

Nosotros como hermanos y tíos de los fallecidos, de los asesinados, llamamos a la prensa y declaramos nuestra sospecha sobre que el ejército y la policía federal tuvieron responsabilidad, y el día 8 de agosto, el principal vocero de la familia, Rubén Reyes, fue asesinado.

La historia se volvió a repetir el día 7 de febrero. Un comando armado paramilitar entrenado y preparado, secuestra a mis hermanos Elías Reyes, y a su esposa, y a mi otra hermana, María Magdalena Reyes.

Mis dos hermanas y yo, y mi mamá, quedamos con vida. Iniciamos una huelga de hambre y una protesta frente a la fiscalía de Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua, exigiendo la investigación y la presentación con vida de mis hermanos, responsabilizando a las autoridades federales de la desaparición, y a las autoridades estatales de que aparecieran con vida”.

Gobierno nunca hizo nada

“El gobierno del estado, el gobierno federal, nunca, en los primeros días, hicieron nada. El 15 de febrero informamos que trasladaríamos nuestra huelga de hambre para el Senado de la república de México, pero el anuncio lo hicimos a las 4:00 de la tarde y a las 8:00 de la noche fueron incendiadas nuestras casas .

La casa de mi madre está a 300 pies de distancia del cuartel militar y nunca vieron nada, no sospechan de nadie, no saben. Nosotros protestamos frente al Senado de la república en el Distrito Federal, y fue entonces cuando el gobierno de Chihuahua comenzó a buscar a mis hermanos, pero siempre los buscó muertos, nunca los buscó vivos. Y eso es algo muy doloroso, porque es como si supieran que no estaban vivos.

19 días después de que habían desaparecido, los encontramos, los habían asesinado. Primero los torturaron, los asesinaron, los enterraron clandestinamente entre químicos como cal, los sacaron cuando la presión fue mucha, y los dejaron en un lugar donde los pudiéramos encontrar y así quedarnos callados.

Como todos los seres humanos, fuimos y los enterramos en un cementerio y decidimos recomenzar nuestra vida. Sabíamos que era muy difícil en Juárez, en el valle, en Chihuahua, pero dos días después de haberlos sepultado, a mi teléfono celular y al de muchos integrantes de la familia, nos empezaron a llamar del teléfono celular que mi hermano llevaba al momento del secuestro, para decirnos que seguíamos nosotros, que nos iban a matar.

Cuatro países nos ofrecieron asilo político: Francia, Canadá, Venezuela, España, pero cuando iniciamos los trámites en Ciudad de México, el gobierno mexicano nos cerró las puertas con esos países. No pudimos viajar a otro lugar, entonces buscamos el asilo político en los Estados Unidos.

Las embajadas de los cuatro países nos dijeron que era difícil recibirnos porque esto les provocaría un problema diplomático con México, y que no estaban dispuestos a perder su relación con México, por ayudarnos.

En México, todos tenemos una historia, ésta es la mía. Hoy estoy en Estados Unidos y el pasado 19 de enero fue aprobada mi solicitud de asilo. Tengo el estatus de refugiado político y duermo tranquilo. Ya no hay pesadillas, pero sí hay coraje, sí hay mucho dolor y por eso estoy aquí para compartir esta historia con ustedes e invitarlos a que juntos hagamos algo.

La última agresión en contra de mi familia la viví ya en El Paso, Texas, el 9 de junio, cuando la Caravana del consuelo, encabezada por Javier Sicilia, llegaba a Juárez. Declaré a la prensa que no era para mí la Caravana del consuelo, sino de la esperanza, porque a través de la solución de los problemas que proponía esa caravana, yo podía regresar a México y llevar flores a la tumba de mis hermanos.

Al día siguiente de mis declaraciones, cuando se hicieron públicas, alguien destruyó las tumbas de mis hermanos, arrancaron las cruces y la lápida de cemento la rafaguearon y las cruces aparecieron tiradas en la acera del cuartel militar donde duraron dos meses en la puerta principal, y los militares no saben quién las puso ahí.

Yo no puedo regresar a México y luchar por los cambios que mi país necesita, pero aquí estoy invitándolos a ustedes, para que desde aquí evitemos el libre flujo de armas hacia México, para que desde aquí pongamos atención en el Plan Mérida, para que evitemos que se repita Rápido y Furioso, para que con una simple opinión, o un fax o un e-mail a la Comisión de Asilo de Texas, permita que más ciudadanos mexicanos se sientan seguros como yo.

En México, mi actividad por opinar, por fundar organizaciones, por defender gente, perdí cuatro hermanos, y mi vida se me hubiera quedado allá. Estuve en entrevista con algunos senadores para impulsar la resolución de evitar el libre flujo de armas a México y el senador Kevin de León en el pleno del Senado me entregó un reconocimiento por mi labor en México a favor de la paz, y es triste que en México me quieran matar por lo que digo, y aquí me lo reconocen.

Tengo mucho coraje y dolor en mi corazón, pero no puedo sentarme a llorar o esconderme debajo de la mesa. Tengo que seguir hablando”.

.- Saúl Reyes

Apoyo a exiliados

Tan sólo en 2010, 3,950 mexicanos solicitaron a Estados Unidos el asilo político, según Saúl Reyes, quien es cofundador de Mexicanos en el exilio, en El Paso, Texas, pero fueron aprobados únicamente 49 de esas peticiones. Hasta el momento distintas organizaciones han reunido 28,000 firmas para solicitarle a la administración de Obama que detenga el flujo de armas a México. Usted puede hacerlo por medio de internet en el siguiente sitio: Alianzacivica.org.mx/altoalasarmas.

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