Escuchar el silencio zapatista

Las mejores enseñanzas de don Pablo Taizán, un mara’acame wixárika que volví a ver en mi reciente viaje a la Sierra del Nayar, fueron casi siempre en silencio.

Verlo trabajar el campo en laderas inclinadísimas a sus más de 70 años, guiar la ruta hacia sitios sagrados en terrenos hostiles y solitarios, mantener a su familia en “el costumbre” huichol por años, su admiración y devoción por los elementos naturales, han sido para mí, muestra de resistencia y amor a la vida.

Las marchas en absoluto silencio protagonizadas por más de 40 mil indígenas tzotziles y tzeltales —bases de apoyo del EZLN—, en cinco ciudades de Chiapas, México, el 21 de diciembre de 2012, expresa mucho, en particular, espejea al nuevo gobierno del PRI.

El acto recordó por qué surgieron los zapatistas al espacio público aquel 1 de enero de 1994, en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari; la matanza de Acteal, con Ernesto Zedillo, en 1997; la falta de compromiso general del partido de éstos con los pueblos indígenas de México.

El retorno del PRI —estrategas de la represión estudiantil en 1968; más reciente, los ataques a civiles en Atenco; y más reciente, los golpeados y encarcelados del 1 de diciembre—, define y da sentido al resurgimiento de los zapatistas, sobre todo, por la cada vez mejor organizada y visible red en resistencia de pueblos indígenas en México: Atenco, Cherán, Wirikuta, la Costa Chica…

Finalmente, como expusieran los zapatistas: los del PRI, son los mismos de antes.

Y nosotros, también, seguimos amando la vida.

La Opinión

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