Bombazos a la Reforma Migratoria

'Stop the hate'.

‘Stop the hate’.

En la calle como en las redes sociales abundan las teorías conspiratorias  respecto a los bombazos en el Maratón de Boston.

A cualquiera le ha sido imposible dejar de abordar esta noticia por la insistencia con la que la escupen los más grandes medios de comunicación en los Estados Unidos. La naturaleza real de los ataques serán al final una cuestión ilusoria y quizá insostenible para los ojos de gran parte de la población que ha externado dudas a todo el proceso, desde el momento de la explosión hasta la cacería de los supuestos responsables.

En las pantallas de televisión, el término “cortina de humo” parece casi literal, pues mientras han saturado son su humareda el telón electrónico, las noticias relacionadas con una reforma migratoria justa han sido jerárquicamente sepultadas de los contenidos noticiosos.

No ocurre como en 2006 aquel fenómeno mercantil para las televisoras: “El monstruo dormido despertó”, decían o titulaban. Y los hispanos consumían comerciales mientras contemplaban su fuerza social por la televisión.

Es cierto, los grandes medios dejaron de vernos como mercancía rentable; las bombas, literales, nos han apagado del escenario mediático.

Pero como dicen los hashtags en internet: #ElMomentoEsAhora o #TheDreamIsNow o #immigration o #cir o #cirasap o #SB1070 o #ri4a o #DREAMact o #StopICE. Como quiera que digan, es momento de expresarlo en las calles de los Estados Unidos de América este próximo 1 de mayo, Día del Trabajador.

Comprendámoslo bien: Nosotros somos los Americanos Unidos en todos los Estados: la fuerza del trabajador inmigrante.

Los dejo con un video que realicé en la marcha del 1 de mayo del 2012 en Oakland.

Nunca fuimos ‘ilegales’

La Opinión

En los años setenta y ochenta mis padres eran “inmigrantes ilegales” en los Estados Unidos, según los comunicados que la agencia informativa Associated Press (AP) difundía a las grandes cadenas de noticias en los Estados Unidos y el mundo.
Pero desde este martes 2 de abril de 2013, todos aquellos inmigrantes mexicanos, chinos, hindúes, europeos, africanos o de cualquier otra nacionalidad que llegaron a esta nación y no cuentan con un reconocimiento oficial como inmigrante o ciudadano trabajador, dejan de ser “inmigrantes ilegales”, al menos en las noticias que distribuye la AP.
AP anunció que elimina ese agresivo término: “illegal immigrant” de su manual de estilo. Un acontecimiento de primera plana, pues como sugiere Roberto Lovato en su blog Of America, el manual de AP es la “biblia en el uso periodístico” de quienes ejercen el viejo oficio de informar en los Estados Unidos, muchas veces, incluso, es requisito conocerlo para ejercer en una sala de redacción.
Poítica y lenguaje tienen una relación cercana, apunta la National Association of Hispanic Journalists en su felicitación a la AP. Escribió su presidente, Hugo Balta: “Esos títulos son denigrantes, no sólo son inexactos e irrespetuosos, sino una herramienta de propaganda utilizada para deshumanizar a un grupo de gente e infundir temor en la población a fin de establecer ciertas políticas”.
“Lo fundamental empieza con el lenguaje”, me mencionó el periodista Roberto Lovato —quien por iniciativas suyas salió el racista Lou Dobbs de CNN. Dijo: “La psicología, la mente y el corazón giran en torno a los movimientos de la lengua —rió—; pero esto es la base de un nuevo momento para la política migratoria”.
Habrá que reconocer la labor que emprendió Apllied Research Center con su campaña “Drop the i-word”.
Hoy, los editores de las grandes cadenas noticiosas de Estados Unidos dejarán de llamarnos ilegales; mañana, los políticos republicanos y demócratas tendrán que hacerlo efectivo en las leyes, con una reforma migratoria justa para los que por políticas económicas globales inmigramos a otro país para trabajar.
Puede que a partir de mañana dejemos de ser “ilegales” —o hijos de ellos— en el lenguaje de los medios masivos de comunicación, pero falta todavía hacerlo valer en las calles de todas las ciudades de los Estados Unidos.
Dijeran los Tigres del Norte: “Todos somos americanos”. O cósmicos, dijera algún zapatista.
Para mí, la transformación de los Estados Unidos —con la lucha de los hispanos presente—, apenas empieza. Sólo hay que darnos cuenta: Nosotros jamás hemos sido “ilegales”.