Nunca fuimos ‘ilegales’

La Opinión

En los años setenta y ochenta mis padres eran “inmigrantes ilegales” en los Estados Unidos, según los comunicados que la agencia informativa Associated Press (AP) difundía a las grandes cadenas de noticias en los Estados Unidos y el mundo.
Pero desde este martes 2 de abril de 2013, todos aquellos inmigrantes mexicanos, chinos, hindúes, europeos, africanos o de cualquier otra nacionalidad que llegaron a esta nación y no cuentan con un reconocimiento oficial como inmigrante o ciudadano trabajador, dejan de ser “inmigrantes ilegales”, al menos en las noticias que distribuye la AP.
AP anunció que elimina ese agresivo término: “illegal immigrant” de su manual de estilo. Un acontecimiento de primera plana, pues como sugiere Roberto Lovato en su blog Of America, el manual de AP es la “biblia en el uso periodístico” de quienes ejercen el viejo oficio de informar en los Estados Unidos, muchas veces, incluso, es requisito conocerlo para ejercer en una sala de redacción.
Poítica y lenguaje tienen una relación cercana, apunta la National Association of Hispanic Journalists en su felicitación a la AP. Escribió su presidente, Hugo Balta: “Esos títulos son denigrantes, no sólo son inexactos e irrespetuosos, sino una herramienta de propaganda utilizada para deshumanizar a un grupo de gente e infundir temor en la población a fin de establecer ciertas políticas”.
“Lo fundamental empieza con el lenguaje”, me mencionó el periodista Roberto Lovato —quien por iniciativas suyas salió el racista Lou Dobbs de CNN. Dijo: “La psicología, la mente y el corazón giran en torno a los movimientos de la lengua —rió—; pero esto es la base de un nuevo momento para la política migratoria”.
Habrá que reconocer la labor que emprendió Apllied Research Center con su campaña “Drop the i-word”.
Hoy, los editores de las grandes cadenas noticiosas de Estados Unidos dejarán de llamarnos ilegales; mañana, los políticos republicanos y demócratas tendrán que hacerlo efectivo en las leyes, con una reforma migratoria justa para los que por políticas económicas globales inmigramos a otro país para trabajar.
Puede que a partir de mañana dejemos de ser “ilegales” —o hijos de ellos— en el lenguaje de los medios masivos de comunicación, pero falta todavía hacerlo valer en las calles de todas las ciudades de los Estados Unidos.
Dijeran los Tigres del Norte: “Todos somos americanos”. O cósmicos, dijera algún zapatista.
Para mí, la transformación de los Estados Unidos —con la lucha de los hispanos presente—, apenas empieza. Sólo hay que darnos cuenta: Nosotros jamás hemos sido “ilegales”.

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