Ameli en lucha por su amor

Ameli Ramírez cruzó la frontera de Estados Unidos; fue detenida y y luego liberada, pero su esposo sigue en la cárcel. Foto: Ricardo Ibarra

Ameli Ramírez cruzó la frontera de Estados Unidos; fue detenida y y luego liberada, pero su esposo sigue en la cárcel. Foto: Ricardo Ibarra

SAN FRANCISCO.— Juntos tomaron la decisión: salir de Guatemala antes de que las amenazas de muerte fueran efectivas.

Ricardo recibía misteriosas llamadas telefónicas: “Te vamos a matar”, eran los insistentes mensajes. Ameli no quería tener un marido desaparecido o muerto. Tampoco quería que su hija Meli creciera sin padre. En febrero de 2014 salieron de aquel país centroamericano con el plan de recorrer las tierras mexicanas hasta alcanzar ‘the land of the free’, en el lado de Estados Unidos. Lo cual lograron. Caminaron durante cuatro días y cinco noches por el paisaje desértico de Texas. La patrulla fronteriza los detuvo en seco antes de alcanzar Houston, los esposaron y echaron en las celdas frías de alguna cárcel texana el pasado 5 de febrero.

Ese día fue el último que Ameli vió a Ricardo. Han pasado cerca de cinco meses desde entonces. Esta mujer de estatura baja, rasgos característicos de la estirpe maya y mirada endurecida, cuenta su historia en la cocina de un departamento sin muebles o utensilios visibles, en San Francisco, como si estuviera lista para zarpar en cualquier momento a cualquier lugar.

El 3 de enero Ameli Ramírez y Ricardo Martínez sufrieron un atentado, que ella adjudica al Estado de Guatemala, pues interpusieron una demanda por daños y prejuicios por el encarcelamiento injustificado de tres meses de su marido. Y el 13 de enero ya habían empacado y estaban en camino al norte. “Decidimos arriesgar nuestra vida para venir buscando protección”, contó Ameli.

Los ‘coyotes’ que los ayudaron a cruzar la frontera violaron a una niña, hecho del cual fueron testigos, refirió Ameli. “Yo daba gracias a Dios que inmigración nos agarró. Pensamos que nos iban a tratar mejor, pero fue igual. Nos metieron en las ‘hieleras’, que le llaman, y pues es bastante frío. No se distingue el día de la noche. Todo el día se está encerrado. No sabe uno ni qué fecha es ni qué hora es y la comida que le dan a uno es bastante desagradable y nada de beber”.

La separación de la pareja ocurrió porque a Ricardo, agentes de ICE (Immigration and Customs Enforcement) lo tomaron como testigo de la violación a la pequeña por parte de los contrabandistas. “Yo creo que porque habla inglés, lo agarraron de testigo. A él se lo llevaron para un lado y a mí para otro y ya no supe nada de él”, dijo Ameli.

Después de la separación, Ameli estuvo en seis ‘hieleras’, en una de ellas hasta por 10 días. Luego la pasaron a un asilo para mujeres, donde “ya tenía cobijas y comida un poquito agradable tres veces al día, y ya nos podíamos bañar”.

Hasta los 20 días de estar detenida tuvo su primera entrevista formal con agentes de inmigración, y tras otros 20 días “decidieron dejarme aquí. Gracias a que creyeron mi caso estoy aquí”.

La lucha para reencontrarse con Ricardo le ha costado a Ameli ya miles de dólares, constantes pláticas con abogados y acciones públicas en frente del edificio de ICE en San Francisco. “Él me falta como persona, como esposo y como padre de mi hija. Él es el sostén de mi hogar, es el que trabaja y lo necesitamos, sentimentalmente y económicamente. Nunca nos habíamos separado. En 10 años que llevamos de vivir juntos nunca nos habíamos separado tanto tiempo”.

Meli, la hija de ambos, de ocho años, también ha expresado la ausencia de su papá, pero con dibujos, donde a él lo delinea con los labios encorvados, tristes, y con lágrimas en los ojos.

Así como la familia de Ameli, hay en Estados Unidos 11 millones de indocumentados que pueden ser detenidos y luego deportados, mediante programas como Comunidades Seguras —que en San Francisco ha sido descontinuado—, y que llegan a separar a las familias.

En tanto, las posibilidades de una reforma migratoria en Estados Unidos parecen cada vez más lejana. Apenas la semana pasada, líderes del Congreso advirtieron que quedan 16 días legislativos para el receso de mitad de año.

Escucha la historia de Ameli en su propia voz:

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