“Tosca” es abucheada en el Met

Esta misma función será retransmitida en el Teatro Diana, en octubre, cuando inicie la temporada 2009-2010

 tosca

La producción con la cual abrirían en el Teatro Diana las retransmisiones de la temporada de ópera 2009-2010, en el auditorio del Metropolitan (Met), de Nueva York, a partir del próximo 10 de octubre, fue abucheada la noche de su estreno el lunes pasado por el público neoyorquino.

Tenía todos los ingredientes para una velada triunfal: una nueva producción de la queridísima Tosca de Puccini; un elenco multiestelar; el director James Levine en el podio. Y del auditorio, el abucheo más ruidoso y prolongado de que se tenga memoria.

La furia de la mayoría de los 3 mil 800 aficionados en la gala del lunes por la noche no fue contra los cantantes ni el director, sino contra el arreglista suizo Luc Bondy y su equipo. Su aparición en el escenario al final transformó una ovación para los cantantes en una ruidosa protesta, y de inmediato cayó el telón.

El corresponsal de la agencia internacional Associated Press, Mike Silverman, escribe en su crónica que esto fue considerado una pena, porque el trío protagónico –la soprano finlandesa Karita Mattila, el tenor argentino Marcelo Alvarez y el barítono georgiano George Gagnidze– merecían mucho más.

Bondy, en su debut en el Met, tenía la tarea de reemplazar la suntuosa producción de Franco Zeffirelli, un plato fuerte de la casa desde 1985.

En su búsqueda por la originalidad, le volvió la espalda a la tradición en todos los aspectos, empezando por la escenografía de Richard Peduzzi. La iglesia del primer acto parecía más una prisión que un templo.

El apartamento de Scarpia es una salita con una mesa, sillas y un par de sofás tapizados de rojo chillón.

El tercer acto es el más realista, una terraza donde los soldados ensayan el fusilamiento mientras Cavaradossi duerme en un camastro.

Lo peor fue en el manejo de la acción en las escenas cruciales. Se supone que después de apuñalar a Scarpia, Tosca coloca velas a cada lado de su cuerpo y un crucifijo sobre su pecho, y luego sale corriendo, horrorizada por haber matado a un hombre.

Bondy prescinde de todo eso. En cambio, Tosca se asoma por la ventana como si pensara en suicidarse, luego se tambalea hacia un sofá y se deja caer mientras baja el telón.

Poco drama, menos verosimilitud. Ahí se escucharon los primeros abucheos.

En la escena de la muerte de Tosca –quien debe arrojarse desde el muro del castillo– Bondy hace que Mattila suba unas escaleras. Después de una demora demasiado larga, un doble vestido como Mattila sale volando y queda suspendido en el aire mientras baja el telón. La intención era dar un golpe teatral, pero en lugar de suspiros provoca risitas.

Entre tanto aareglo, casi se pierde el canto, que fue excelente. Alvarez obtuvo la mayor ovación de la noche por E lucevan le stelle’, tan conmovedor en los potentes agudos como en los pasajes suaves.

Gagnidze fue un Scarpia amenazante, con la mirada y los gestos de un gangster.

Mattila, una de las sopranos más destacadas del Met en la última década, cantó con fuerza y pasión. Sólo sonó un poco forzada en un par de notas altas, sobre todo al final de “Vissi d’arte”.

La orquesta del Met bajo la batuta de Levine sonó magnífica.

La actual producción subirá a escena otras siete veces en las próximas semanas y volverá en marzo con cambios en el elenco.

Pocas veces una noche de estreno ha presenciado una reacción tan hostil en el Met.

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Che El Argentino

Ricardo Ibarra

Era miércoles, día del clásico dos por uno en el ingreso a las salas de cine en Guadalajara. Trepé por escaleras mecánicas hasta el Cinépolis situado en el piso superior de la Gran Plaza. No tenía ningún plan de vuelo cinematográfico, sólo el deseo de ver una película para la distracción mental, lo común.

Analizo los carteles, el programa luminoso con las películas y los horarios del día, reviso la síntesis de las cintas. Nada interesante.

De pronto, recuerdo la película de Che, El Argentino. Tenía entendido que ya por estos días estaría en exhibición. Pregunto a una de las empleadas y aciertan: está en cartelera. Pero por qué razón no la encontré ni en los carteles ni en los anuncios luminosos ni en el despliegue de las síntesis de las películas. Aún no me queda claro.

Ni siquiera la vi anunciada en espectaculares ni en la superficie de los jodidos camiones que transitan por la ciudad devastada.

Supongo que como sucedió con otras cintas, como la de Fraude: México 2006,  es conveniente para las empresas y las sociedades anónimas evidenciar los problemas, continuar la ideología del mundo feliz y de la comodidad que ha pretendido el gobierno de los hombres por encima de la naturaleza, anteponiendo a la maquinaria social y de las vidas humanas para el provecho de unos cuantos. Una época en donde las ideas están muertas y son usurpadas por instituciones corruptas que privilegian a unos cuantos. Un tiempo en la cual la censura se manifiesta en la pobreza, la miseria, el hambre y la supervivencia de las familias y los elementos que la conforman.Vivimos momentos en los cuales las mentalidades son alimentadas con basura que no es reciclable, que no circula y que no hace que fluya la libertad , la vida o la justicia.  Porque los gobiernos no tienen proyectos comunitarios ni fuerza ni dirección para realizar a  los jóvenes, los trabajadores, estudiantes.

Quién sabe. Pero pienso que tuve suerte en localizar la película, y evocar los ideales de un grupo de hombres que lucharon para quebrar a las instituciones podridas que los sometían.

Quietud callejera

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Estaba sorprendido. Lo corriente es el ruido, la saturación de sonidos, el caos sonoro extendiéndose afuera del edificio que habito, allá abajo por las calles,  a la hora en que los platillos se ponen en la mesa. Pero hoy no. Y lo disfruto recorriendo estas líneas en la tranquilidad de mi casa, digiriendo los alimentos junto con esta sopa de letras. ¿por qué? Muy simple: ¡no hay camiones en la ciudad!

Es impresionante la cantidad de ruido que generan los camiones, ¡y aún así piden un aumento al precio del viaje!, además de la pésima calidad en el servicio.

La neta es que el gobierno de Jalisco y el ayuntamiento de Guadalajara debería poner a esos cuates en cintura. Y es que pretender vacunar a la población con ¡7 pesos!, es una jalada, en cualquier parte del mundo.

Qué saludable es vivir sin los camiones, la calidad del aire, de las ondulaciones, las vibraciones energéticas, etcétera.

Los ciudadanos de Guadalajara nos merecemos un mejor servicio de transporte público. Asomen la oreja a la calle y díganme si no.

Les gustó, ¿no? y eso que sólo hicieron los transportistas un paro a medias, con alrededor de mil 700 vehículos transitando toda la zona metropolitana de Guadalajara.

A ver señores del gobierno… qué pasó con la ampliación del tren eléctrico urbano, un metro, más y mejores servicios de movilidad.

Pónganse a trabajar, que la verdad, estoy muy a gusto en casa, sin los alaridos de los pésimos motores de circulación masiva.

Una advertencia también a los usuarios del transporte público: ¡No se dejen!