Crónica de Dolores

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El Mensajero

ImpreMedia

Ricardo Ibarra

SAN FRANCISCO.— Los viejos tiempos no fueron distintos a nuestros días. La cabeza del rebelde cura Miguel Hidalgo fue cercenada y expuesta en la famosa Alhóndiga de Granaditas, en Guanajuato, México, en 1811. El plan: advertir a los indígenas, mestizos y criollos que la sublevación no iba a ser tolerada por la Corona española, que en aquel inicio del siglo 19 controlaba el agreste territorio de la tuna y el nopal.

Hoy, los narcos tambien cortan cabezas para mandar señales de sangre a sus rivales. Tienen en jaque al gobierno federal, que encabezada por el presidente Felipe Calderón ha provocado a los grupos armados del país con su “Guerra al narcotráfico”. Y no es un grupo minoritario, el narco controla varios gobiernos estatales y locales con su dinero y armamento, como sucede en Tamaulipas. Secuestran a políticos renombrados, como a “El Jefe” Diego Fernández de Cevallos, desaparecido desde mitad de este 2010 por el presunto comando narco guerrillero, el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI).

En México, prácticamente cualquier pueblo o ciudad tiene una estatua en honor a Miguel Hidalgo. Y si es muy miserable la población, hay al menos una calle dedicada a este insurgente considerado el “Padre de la Independencia”, por alzar el famoso Grito de Dolores, con el cual incitó a sus fieles a levantarse contra “el mal gobierno”.

La ciudad de San Francisco también tiene calle y estatua. Está en el distrito de la Misión. En Dolores Park.

Pero el entorno es distinto a los sitios donde descansa la figura del insurgente en México. En este parque se puede ver durante cualquier domingo caluroso a los san franciscanos tomar el sol tirados en el pasto con todo y bronceador, sombrillas, bikini, gafas y perros sueltos.

Pobladores de distintas razas llegan, tienden alguna sábana, preparan aperitivos, charlan, toman algún brebaje con alcohol o sin alcohol y fuman yerba o la comen en galletas con sabor a chocolate que un tipo distribuye con sonrisa en la cara.

Entre esa muchedumbre hay un mexicano. No importa el nombre. Es uno más de los más de 30 millones que trabajan en Estados Unidos, la mayoría, como él, en el área de servicios. Él es uno de los paleteros que circulan por el parque, empujando el carrito con helados de la marca El michoacano. Dice que no está enterado de los festejos especiales que habrá en la ciudad con motivo del Bicentenario independentista. “Pues que festejen. Aquí es puro trabajar”, dice resignado.

En tono de broma le pregunto la fecha del famoso Grito de Dolores. No sabe. Finalmente a ese vendedor de paletas ni la Independencia ni la Revolución le heredó algún beneficio. En su país de origen la democracia existe en la demagogia de los políticos, con dos cuestionados procesos electorales como antecedente, el de Carlos Salinas en 1988 y en 2006 con Felipe Calderón.

¿Cómo llegó la estatua de Miguel Hidalgo a Dolores Park? Parece un misterio. El Consulado mexicano en San Francisco no tiene el dato.

Para el cónsul, Carlos Felix, lo más importante del Bicentenario en San Francisco es la “relación bicultural” entre mexicanos y estadounidenses: “Sin duda alguna, las aportaciones y presencia de los mexicanos en el llamado ‘Estado Dorado’ han contribuido en estos 200 años a su riqueza cultural, material, social y a servir de puente para un mejor entendimiento con México”.

Dice el dicho que las desgracias vienen en tres. Y muchos ya le han puesto el tercer nombre a la cadena de centenarios iniciada en 1810, continuada en 1910 y con este 2010 que espera su calificativo en la historia.

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Movimiento en 2010, pero sin violencia

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El Universal

RICARDO IBARRA

El escritor Carlos Fuentes se pronunció hoy a favor de que el Bicentenario de la Independencia de México, a celebrarse en 2010 junto con los cien años de la Revolución, no traiga consigo un estallido de violencia.

El escritor, que participó en una mesa redonda sobre las independencias americanas en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), hizo su alusión dadas las “fechas cabalísticas” que son para México 1810 y 1910.

“Vamos a movernos, pero yo espero que no sea un movimiento violento”, dijo en alusión a las voces que pronostican un cambio para el país a través de un estallido social, como en el año diez de cada uno de los dos últimos siglos

Con casi la mitad de sus 107 millones de habitantes en la pobreza, caída generalizada de la economía y una creciente violencia del narcotráfico, parte de la población expresa cotidianamente su descontento por la clase política y su gestión de la nación.

“Espero que accedamos a un año diez en que le demos prioridad a la educación, a la justicia, al pluralismo, ante un país muy dividido, con estructuras políticas muy endebles, con partidos políticos nada confiables, con personalidades públicas menos que confiables”, señaló Fuentes.

El escritor, uno de los autores más respetados del país, ha caracterizado su obra por reflejar en ella el lado más oscuro del poder en la sociedad mexicana, siempre con un toque sardónico que desnuda los males endémicos del país.

Por su parte, el ensayista e historiador cubano afincado en México Rafael Rojas cuestionó si este siglo XXI será por fin el de la democracia en los pueblos latinoamericanos.

“Si para América Latina el siglo XIX fue el siglo de la República y el XX el de la Revolución, ¿será el XXI el siglo de la democracia?”, se preguntó.

“No lo sabemos, pero deberíamos tratar de no repetir el error de nuestros antepasados pensando la democracia como un sistema milagroso que por sí solo traerá equidad y desarrollo a nuestras naciones”, se contestó luego.

Rojas acababa de recibir poco antes el I Premio Internacional de Ensayo Isabel Polanco, por su libro sobre las independencias americanas “Repúblicas de aire: utopía y desencanto en la revolución de Hispanoamérica”.

En la mesa participó también el historiador mexicano Enrique Florescano, quien dijo que los últimos 200 años han traído logros sustanciosos, como la fundación de la República, la conquista de la representación política, la ambición de leyes iguales para todos, el estado laico y la integración de la diversidad territorial.

Todo ello, además, regido por el derecho, añadió.

“La cruda realidad nos dice que hoy tenemos un país partido social y políticamente en tres bloques diferentes, nuestro estado es reproductor de desigualdad”, dijo sobre México.

“Su ineficacia lo ha hecho perder legitimidad ante los ciudadanos y para colmo, está asediado por terribles poderes internos, fácticos, y externos como el narcotráfico”, expuso Florescano.

“Del Estado solo podemos esperar que sea lo menos malo posible, pero que sea”, remató.