Sueños ciudadanos

Este video integró la programación del Festival Internacional de Cine en Derechos Humanos, organizado a finales de mayo de 2010, en la Ciudad de México.

La proyección de este trabajo periodístico ocurrió en las salas de Cinépolis, los días 24 y 26 de mayo.

Este tema fue también portada de la tercera edición de la revista Manos Libres, bajo el título Aprendiendo a Sobrevivir y en interiores Bienvenidos a la Sobrevivencia.

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La mala influencia

Psicosis en Guadalajara

Psicosis en Guadalajara

Léelo en Primera Fuente, de Argentina (Haz clic aquí)

Léelo en Rapsoda, de Lagos de Moreno (Haz clic aquí)

RICARDO IBARRA

Contemplar las imágenes de una ciudad de México desierta, aunque sea vía televisión, es un hecho sorprendente, un suceso que se antoja para archivarlo en el registro histórico del fin del mundo, o algo así. Imaginarse a los más de 20 millones de habitantes del centro del país recluidos a un aislamiento domiciliario por el pánico, la paranoia y el terror de convertirse en víctima de un virus derivado del puerco, que según anuncian los medios de comunicación nacionales tiene la capacidad de matar, y lo peor, de tranmsmitirse entre humanos con tan sólo saludarse de mano, besarse o al mantener una conversación frente a frente, es inaudito. La ciudad de México experimenta desde la semana pasada su encuentro más cercano con el miedo.

La noticia revienta el jueves 23 de abril, en voz del Secretario de Salud, quien declara que existe una epidemia de Influenza en el centro del país.

Y la televisión infecta al resto de los mexicanos: en la ciudad de Guadalajara, donde radico –a 542 kilómetros de la ciudad de México–, y en la cual hasta la fecha no se ha dado un solo caso de personas afectadas por la ahora llamada influenza humana o virus H1N1, es notable el mismo patrón de influencia virulenta. Muchos salen del bunker hogareño con cubrebocas; algunos llegan al extremo de utilizarlo mientras conducen, solitarios, sus coches por las calles abandonadas y con los cristales herméticamente cerrados, como si alguno de esos demonios bíblicos pudiera infiltrarse por el sistema de ventilación hasta corroer más que el pensamiento, el cuerpo completo. Los restaurantes, teatros y otros espacios comerciales fueron obligados por el gobierno federal a manternerse cerrados; no son pocos los que desobedecen a la autoridad, en particular los bares –el escape etílico es crucial en tiempos epidémicos–. En los supermercados, las multitudes realizan compras de pánico; los cochecitos de servicio en donde los consumidores depositan cloro, vitaminas, jugos cítricos y alimentos enlatados, son previamente desinfectados con mangueras que lanzan agua esterilizada bajo presión. ¿Estornudar o toser? Ni en broma, uno podría ser linchado por los más cercanos, o por lo menos convertirse en mártir de la exclusión espacial y recibir miradas combativas. Incluso a los bustos distribuidos en la ciudad les han puesto los famosos cubrebocas azules: convertidos ahora en iconos del miedo.

La paranoia colectiva que ha inspirado el Estado mexicano con sus medidas sanitarias extremas parecen justificar la agresión entre los seres humanos. Los saludos, los abrazos, los besos, hasta los actos sexuales, vistos únicamente por televisión, parecieran una alocada fantasía en este ambiente de tensión social. La radio, los periódicos, la televisión, utilizan el fenómeno para reintegrar a su antiguo auditorio, antes alejados de estos medios por el simple desinterés a la información o por la reciente crisis económica mundial, que evita que los usuarios compren palabras en los puestos de revistas.

La epidemia es lo que los medios de comunicación necesitaban para su propia sobrevivencia. Existen segmentos de la población que se infecta por la influencia mediática. Varios de los cientos que han arribado a los hospitales públicos o privados tienen gripe común, infectados psicosomáticos por hipnotismo televisivo. –El sector más pobre no sabe qué hacer en casa más que dejarse absorber por la cajita infeliz–.

El ambiente pareciera funesto parta muchos. La cuenta acumula casi mil infectados en 20 países del globo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), casi todos ellos en México. Esta misma institución –controlada por el G7– mantiene la alerta mundial en el nivel 5, al borde de la pandemia. No existe vacuna contra el virus, dice. Hay que producirla. Varios laboratorios alzan la mano. Un remedio tendría un costo de millones de dólares, y varios países la tendrían en su lista de compras. Pero, lo cierto es que en México han muerto poco más de 20 individuos –sin nombre hasta ahora– a causa de la misteriosa influenza humana, cuando durante los años 2005, 2006, 2007 murieron en este país alrededor de 15 mil personas por problemas respiratorios. La OMS calcula, además, que cada año mueren entre medio millón y un millón de personas por la gripe; una cifra difícil, porque esta infección subyace en otras defunciones, como las causadas por las neumonías. Otro dato: la OMS infla el nivel de la epidemia a categoría 5, el mismo nivel que tuvo la gripe española a principios del siglo pasado, y que mató a un promedio de 40 y 100 millones.

Esta llamada influenza humana mata sólo en México porque hay una deficiente administración de la salud pública, con instituciones corruptas, como es sin duda el Instituto Mexicano del Seguro Social.

Lo que preocupa es cómo se va a recuperar el país luego de que este miércoles 6 de mayo concluyan nuestras vacaciones VIP (Virus de Influenza Porcina). Y con una deuda económica enorme, en medio de una severa crisis económica mundial: el secretario de Hacienda endeudó a México con 205 millones de dólares procedentes del Banco Mundial “para contener el brote de influenza”. Sin los principales ingresos: venta de petróleo –lo más seguro es que lo que queda en territorio nacional, pase directo a las máquinas de Estados Unidos, uno de los países manipuladores de la OMS, del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial–; sin turismo, sin remesas provenientes de los migrantes residentes en Estados Unidos, con la demanda interna desmovilizada por el receso de las actividades comerciales, educativas y administrativas.

La verdadera epidemia está por venir.

El descontrol informativo generado desde el gobierno de Felipe Calderón, multiplicado por los medios de comunicación, y resentido por la población, no anula el auténtico caló mexicano, que circula de cubreboca en cubreboca: “Cría puercos y te sacarán los mocos”.

La vida empeñada

Pasados los gastos de fin de año y ante el impacto de la crisis económica en el país, las casas de empeño arrancaron 2009 con más actividad que otros años; la Condusef recomienda cautela.

Ricardo Ibarra

Foto: Giorgio Viera

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Valuador varios, dice el letrero de la ventanilla. Frente a ella, hay una fila que parece interminable. La llegada de gente es intermitente, pero continua. En esta área el personal del Nacional Monte de Piedad valora el precio de toda clase de artilugios que trae consigo una innumerable multitud de personas apuradas por obtener algunos pesos a cambio de sus pertenencias.

La calzada Independencia y el cruce de la avenida La Paz es ruidosa. Hay tantos carros afuera como individuos hay adentro del Monte de Piedad con necesidad de dinero. En el lugar, última esperanza para algunos de acceder al dinero en efectivo, nadie parece querer ser reconocido. La gente casi no habla, ni se saluda ni voltea a ver; ningún “buenos días”, “hola, cómo estás”. La cabeza está fija hacia delante, hacia el frente de la fila, esperando la respuesta del valuador que diga cuántos billetes va a soltar por las cosas que salieron de casa para ayudar a sobrevivir la ciudad, la casa, la familia, la vida.

Llama la atención que muchas personas traen herramientas de trabajo, las que se supone son su vía para obtener el sustento. Esto habla de que para muchos la crisis está de verdad grave.

Es una realidad desesperante.

Al preguntar a una mujer de unos 30 años si es su primera vez en el Monte de Piedad, no contesta. Sonríe nerviosa, nada más. Trae bajo el brazo un reproductor de DVD.

Delante de ella hay un señor que cuando llega a la ventanilla, tira tres veces su credencial de elector, aparentemente nervioso. Coloca sobre el mostrador un acordeón bien pulido, que parece tan nuevo que el azul aguamarina del instrumento musical parece tener el movimiento del mar, cuando la chica detrás de la ventanilla, dentro del pequeño cuarto, estira y repliega las cajas laterales produciendo un sonido desproporcionado, desafinado.

Es una escena sin armonía: el hombre con el cabello entrecano, la barba de una semana, camisa azul afuera del pantalón, abandona la música. No más norteñas por un rato.

La fila sigue. Llegan dos mujeres maduras con una pequeña niña. Cargan una gran televisión entre ambas. La dejan sobre una mesa y aprovechan para sacudirle el polvo con un trapo. La chica detrás de la ventana sale del cuarto, revisa el aparato, lo enciende, lo apaga.

— ¿Cuánto le dieron por su televisión, si no es indiscreción?

—450 pesos. ¿Tú crees? ¡Es de 25 pulgadas! —contesta una, como reclamando—.

En esta época del año, tras los gastos navideños, la cuesta de enero, Reyes, la Candelaria, el desempleo, la gente busca recuperar algo de crédito con el empeño de algunos bienes. Algunos los recuperan, otros no, pues después de cinco o 17 meses (en el caso de alhajas), si no se reintegra el dinero recibido, el producto empeñado pasa a ser propiedad del Monte de Piedad, donde cualquiera puede ingresar a su tienda a comprarlo. Cada mes implica 4 por ciento de interés sobre el monto prestado, más un costo de almacenaje. Muchos prefieren perder sus cosas.

Con sus matices, la escena se repite en otros lugares.

Israel Enciso lleva dos meses sin obtener empleo. Es obrero. Tiene prisa. En unos minutos tendrá una entrevista de trabajo. Ha visitado más de diez empresas, asegura, ninguna lo contrata. En compañía de dos de sus hermanas fue a empeñar una cadena de oro. Le dieron 140 pesos, diez por cada quilate. Con lo que recibió en Empeños Económicos Nacionales, un establecimiento justo frente al Monte de Piedad, alcanza a subsistir una quincena, dice. Planea recuperar su alhaja en un mes, si obtiene empleo.

Pero no la va a tener fácil. El INEGI recién reportó que en diciembre la tasa de desocupación en el país fue de 4.71 por ciento de la población económicamente activa, casi un punto porcentual por arriba que la de un año antes y una de las más altas en los pasados ocho años.

La cifra parece más elevada al ver llegar a más personas a la fila, tantas y tan diferentes como los objetos que cargan: una guitarra acústica, una máquina de coser, otra televisión, un compresor de aire, un taladro, un esmeril, una computadora, un minicomponente, un bajo…

Esta peregrinación es un fenómeno que no se circunscribe a Guadalajara. Gerentes de distintas sucursales del Monte de Piedad y casas de empeño han reportado, al igual que en la ciudad, un incremento con respecto al año pasado de entre 10 y 40 por ciento en el número de pignorantes que acuden a empeñar sus cosas en el país.

Prendamex es ejemplo de ello. En la llamada “cuesta de enero”, la franquicia nacional de casas de empeño privadas informó que vio incrementar la demanda de préstamos entre 10 y 15 por ciento y este año calcula prestar poco más de 1,500 millones de pesos a alrededor de dos millones de clientes en todo el país. Pero no todo es miel sobre hojuelas, según aceptó Roberto Alor, director general de la empresa, quien en una rueda de prensa brindada a finales de enero comentó que su porcentaje de cartera vencida se duplicó al iniciar este año, pues creció 15 puntos porcentuales para llegar a 30 por ciento (Público, 22 de enero de 2009).

Recuperar lo empeñado no es algo que por el momento parezca prioritario para quienes mantienen viva la fila en el Monte de Piedad. Ya se preocuparán de ello cuando se acerque la fecha de vencimiento de la boleta. Ahora, lo más importante es obtener algo de dinero, lo más posible, para sobrevivir el arranque del año y con esa esperanza siguen desfilando frente a la ventanilla de Valuador varios una guitarra, micrófonos, una videocámara, un telescopio… Todo lo que tenga valor y que no se note tanto su ausencia en la casa.

El panorama

La Asociación Nacional de Casas de Empeño (Anace) estima que en el país hay unos cinco mil establecimientos de este tipo

Con 152 sucursales en operación, el Nacional Monte de Piedad es la mayor de las instituciones de asistencia pública en México, que este año prevé realizar 24 millones de operaciones prendarias, dos millones más que en 2008, y prestar alrededor de 19 mil millones de pesos

Cada día acuden por lo menos 30 mil personas a empeñar algo al Monte de Piedad y del total de artículos dejados en prenda, 97 por ciento corresponde a joyas o relojes, para cuya recuperación otorga un plazo de hasta 17 meses, mientras que da cinco meses para artículos varios. La tasa de interés mensual es de alrededor de 4 por ciento

Según la Anace, la mayoría de las personas que recurren a un préstamo prendario son miembros de familias con ingresos mensuales menores a ocho mil pesos (40 por ciento de la población mexicana) y seis de cada diez pignorantes son mujeres de entre 25 y 45 años que, principalmente, acuden a las casas de empeño para atender urgencias de salud, pago de escuelas, saldar deudas personales o completar el gasto de la semana

Fuente: Nacional Monte de Piedad y Anace

Hay otras opciones: Condusef

La Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros de México (Condusef), recomienda solicitar un préstamo o crédito sólo en casos de auténticas emergencias, pues el interés en algunas de las casas de empeño puede ir desde 48 por ciento, como es el caso del Monte de Piedad, hasta 159 por ciento anual.

La institución también aconseja que antes de ir a una casa de empeño se solicite un préstamo a algún amigo, familiar o, si se cuenta con un trabajo estable, un anticipo de nómina.

(Haz clic para ver nota en el periódico Público)