Independencia, Revolución, Evolución

voto-nuloRICARDO IBARRA

La evolución electoral del 2009 comenzó en Internet y llegó hasta las boletas marcadas con crayón oscuro. El movimiento del voto nulo impulsado primero por ciudadanos cibernéticos terminó por conformar una red social que buscará postular distintas reformas a la Constitución mexicana y al sistema político. En Guadalajara, los anulistas lograron casi el 5 por ciento de los votos, 4 veces más de lo que anhelaba el PSD para permanecer con su registro. En el Distrito Federal fue el 10 por ciento. Un total de 2 millones de anulistas en todo el país.

Internet afecta de manera importante la conciencia, lo que hacemos, decimos o pensamos. Consume nuestro tiempo. Nos hace viajar al mismo tiempo que nos inmoviliza. Es una herramienta delicada. Eduardo Castañeda, un periodista y comunicador cercano a las discusiones ciberespaciales, creó en Facebook el grupo Abstención/Voto Nulo 2009, con la idea de extender el rechazo a la clase política por la red. Ahora el grupo lo integran alrededor de mil feisbukeros. Eso no es lo importante. Tampoco importa tanto que la cantidad de votos nulos haya sido el doble que las anteriores elecciones. “Lo importante”, reconoce Castañeda, “es consolidar el movimiento y lograr proponer una agenda que pueda ser discutida por los partidos políticos. Eso es lo importante”.

Antes de las elecciones del 5 de julio, encontré a Margarita Sierra y algunos otros integrantes del grupo Anulo mi voto, una de las agrupaciones más influyentes en el occidente mexicano. Llamaban públicamente a anular el voto, no sin la intimidación de las luces policiacas. Luego, me expondría algunos de los proyectos que quieren alcanzar en este movimiento de ciudadanos activos: búsqueda de la soberanía nacional, el control social sobre lo público, integrar los tópicos del medio ambiente, impulsar la ley antimonopolios y la ley de medios, o sea, ir más allá de la reforma electoral.

Hay otras propuestas que demanda el movimiento, al cual se han integrado al menos otros 40 grupos pertenecientes a 25 estados del territorio nacional, como son la reelección de diputados y alcaldes, revocación de mandato, candidaturas independientes o ciudadanas, eliminar a los diputados plurinominales, una reforma judicial, y una reforma electoral que dé un salto cualitativo para las próximas elecciones.

La idea de los grupos anulistas de la zona metropolitana de Guadalajara plantean la conformación de un constituyente pacífico 2010, que quiere decir “constituirnos ciudadanamente, articularnos como ciudadanos para decidir el país que queremos”, me explicó Sierra.

El próximo 18 de julio los más de 40 grupos celebrarán en Guadalajara su segunda agenda ciudadana nacional. Ahí discutirán como continuar hacia la evolución del sistema político mexicano, pues como me dijo en pocas palabras Margarita Sierra, la idea es continuar el ciclo de la democracia: Independencia (1810), Revolución (1910), Evolución (2010).

Las tribus bárbaras

RICARDO IBARRA

El hombre alzó el puño apretado, sudoroso, caliente, contra el rostro de la mujer. Lo azotó con un golpe solitario, seco. Los machos entorno, observadores de la escena, despiertan su inquietud de sangre, impactados por la furia repentina del aficionado que castigó con su puño la presencia femenina en las gradas del estadio de los Indios de Ciudad Juárez. Todos lo vimos a través de la pantalla, durante el torneo clausura 2009 del futbol mexicano. Todos vimos a un hombre golpear a una mujer en vivo, en señal abierta, desde la ciudad donde más mujeres son muertas por hombres, hombres furiosos, como el fanático de los Indios que fue expulsado de la tribuna por agentes policiacos y golpeado por otros hombres que defendieron a la mujer.

En Ciudad Juárez, como en el resto del país, los hombres pueden matar, los hombres asesinan, porque sí, porque pueden.

Y qué no se puede hacer en México. Todo se puede en este país. Excepto convivir de acuerdo a las leyes. En México nos corrompemos: y las reglas “se hicieron para romperse”. La tendencia natural del mexicano es transgreder, imponer su voluntad. “Aquí nomás los míos rifan”. La tendencia es controlar, destruir, consumirlo todo. “Nomás mis chicharrones truenan”.

Lo que presenciamos por la pantalla del televisor en la pasada liguilla, es sólo una muestra de una ciudad en decadencia, que como en la antigua Roma, se espera su próximo desenlace.

Ciudad Juárez es una simple muestra de la extrema violencia con la cual se impone el mexicano. Ciudad Juárez, según declaró a principios de este año el mismo presidente de la República, Felipe Calderón, junto con Tijuana y Culiacán, son los sitios donde se concentra el 57 por ciento de las muertes vinculadas con el crimen organizado.

Los mexicanos, bárbaros inalienables, parecieran mediums que aún alcanzan a escuchar el susurro de la antigua deidad mexica Huitzilopochtli, señor de la guerra y constante buscador del jade precioso, la sangre. México es una nación violenta, gobernada aún por el temible Huitzilopochtli, consejero invisible. Como en los antiguos códices, pero ahora con la tecnología del fin del mundo: el televisor, podemos seguir viendo cabezas decapitadas, sangre, muerte.

Fueron cerca de 2 mil 500 muertos en el año 2007, más de 5 mil 400 en 2008. En el primer trimestre de este 2009, la lista acumula 2 mil 600 asesinatos violentos relacionados con las mafias, con una tendencia menor a los primeros tres meses del año pasado, según el portavoz del Gobierno en materia de Seguridad, Alejandro Rubido. Aproximadamente, han sido mil los funcionarios públicos asesinados, según la PGR.

Esta cifra total, más de 10 mil muertos, parece menor a los 100 mil civiles muertos en la guerra de irak, de acuerdo al conteo de Iraq Body Count, desde 2003 al 2009. Pero no debe parecernos menor, porque en México no hay guerra civil, todo está bien y hay mano dura contra la delincuencia, según el gobierno federal.

La actitud violenta y agresiva de los mexicanos lo apreciamos en el calor de todos los días, en prácticamente cualquier ciudad del territorio nacional: en las calles, las escuelas, los trabajos. Es una forma de vida, de sobrevivencia, un modo de pensar (o no) y actuar. Es una cultura, quizá impuesta por la continua carencia y la pésima administración pública de nuestros funcionarios y políticos.

En la actual convulsión emocional que genera la crisis económica y social sobresalen dos actitudes: la mejor y la peor, el talento luminoso y el oculto primate dentro de nosotros. En estos días es cuando se revela la verdadera personalidad de los individuos y las colectividades.

Emerge la conciencia de la inconsciencia.

Entonces, cómo van a reaccionar los mexicanos ante esta realidad. ¿Seguiremos el camino de la autodestrucción, del vacío y la oscuridad? ¿O estamos listos para superarnos a nosotros mismos, a nuestro sistema político, a nuestras instituciones virulentas, a nuestras costumbres tranzas y corruptas?

Me pregunto: ¿Dónde están los movimientos pacifistas, que caracterizaron las generaciones de los años sesenta o setenta? ¿En dónde los grupos de intelectuales y artísticos deseando transformar la realidad, cuestionando la agresión sistemática del gobierno y las mafias?.

Por desgracia, no nos importa. Parece que seguimos una anormal atracción al vacío.

Pero eso, el tiempo lo confirmará.

La elipsis original

RICARDO IBARRA

Tenía un sueño repetitivo. Un disco cargado de imágenes y sonidos girando en un círculo discontinuo, imperfecto –cuando era aún puberto-. Podían pasar incluso meses o años, y volvía siempre en algún momento la carga onírica a la realidad subconsciente, como si alguna corriente sanguínea o no sé qué elíptica de lo invisible pudiera volver a transmitirme la misma imagen, el momento y espacio mismo que me hiciera despertar años atrás. Pausa. Play. Pausa. Play. Hace tiempo que Morfeo no me devuelve a ese escenario irreal.

Recuerdo una sola imagen, sólo un instante y las circunstancias generales en las cuales me encontraba durante ese sueño. Era una clase ­­–de antropología quizá- y un maestro invisible -un profesor al que no le recuerdo su rostro-, dibujaba sobre el pizarrón el trance evolutivo del hombre, que inauguró Darwin, aunque éste con una última diferencia, una última pieza, el fin del círculo según este instructor descarnado: iniciaba con el chango, luego los otros; el homo erectus, y al final de la evolución, de nuevo, el hombre de las cavernas, el hombre primitivo.

Pareciera que el estado de crisis mundial ocasionado por el debilitamiento de la economía estadounidense, anunciado por casi todas las pantallas y bocinas comunicativas, ha comenzado a crear un clima enrarecido en el cual prima la incertidumbre, el desconcierto y una tendencia desnutrida, pero hambrienta de las personas por mostrar una cara oculta, resguardada en las entrañas de la raza humana: los genes primitivos de nuestra animalidad, tanto tiempo refugiados en un aparente estado de confort y bienestar, y en la falsa etapa de estabilidad y paz ilusoria que vivía la humanidad.

Toda crisis transgrede lo que hemos sido –o lo que pensamos que somos-, nos obliga a cambiar, a evolucionar. Podemos descender por la cascada inhumana a la que nos obligan nuestros genes arcaicos y sobrevivir, con o a pesar del otro. Se pueden utilizar medios agresivos y violentos para recuperar nuestra propia paz interior, y probablemente, luego, la exterior, como hacen los grupos armados de México, ocasionando más dolor, frustración y destrucción. La crisis, y por tanto la sobrevivencia, retratan al hombre en el instante de la imitación animal: las noticias de desempleo, los recortes de personal, el aumento de los precios, la inflación del dólar, la aparición de una mítica moneda única en norteamericana que ahora llaman amero, y una serie de transformaciones y desinformaciones que vivimos en nuestro entorno, despiertan en algunos una necesidad de lucha, de combatir al contrario por conquistar la supervivencia y salvar lo que hasta ahora constituyen sus rasgos más personales.

Esta situación que vivimos: en nuestras oficinas, la calle, espacios comerciales y el hogar, me motivaron a compartir ese sueño recurrente de mi temprana edad. Una evolución pausada de la humanidad, que para crecer, necesita retornar a su origen, involucionar por un instante, una pausa reflexiva a la que estamos condicionados como especie y en lo individual, para rescatar de nosotros lo mejor. Este condicionamiento es descrito por el escritor José Saramago con una excelente metáfora, claro, él para describir la epidemia de la ceguera que había llevado al desastre a la humanidad en su Ensayo sobre la ceguera… es como una flecha lanzada hacia arriba, y tras alcanzar el punto más alto en su ascenso, se detiene un momento, como suspendida en el aire, y comienza luego a describir la obligada curva de caída.

Y para la reflexión en estas recientes adversidades compartidas, unas líneas dichas por el único personaje que mantuvo la vista en la obra literaria de Saramago, que por cierto está en cartelera bajo el título de Ceguera: “Si no somos capaces de vivir enteramente como personas, hagamos lo posible para no vivir enteramente como animales”.

Esa es la nueva doctrina de la catástrofe. Si se salva usted mismo, recuerde al que viaja a un lado.