Felipe Calderón, el ‘teacher’

Harvard es una institución de educación privada con 45 miembros nobel en su gremio académico y con un costo de $11,500 dólares anuales para estudiantes becados con “carencias económicas”, y hasta $52,652 para los más pudientes.

Es una escuela que oferta excelencia académica en todas sus especialidades: artes, ciencias, negocios, leyes, medicina, ingenierías…

El expresidente de México, Felipe Calderón, se autopromovió ante la cúpula de esta sociedad científica antes de dejar el cargo en Los Pinos, con la idea del exilio y el refugio lejos del desmadre social que dejó tras heredar la presidencia a Enrique Peña Nieto, de esta manera asegurar un “blindaje” político durante los próximos seis años –los ciudadanos mexicanos lo denunciaron ante La Haya por crímenes de lesa humanidad, por las consecuencias fatales de su “guerra contra las drogas”.

El periodista Sergio Aguayo y el poeta Javier Sicilia dirigieron una carta a David T. Ellwood y otros, señalando la responsabilidad de Calderón “en la tragedia humanitaria causada por esa guerra: más de 60 mil muertes, al menos 25 mil personas desaparecidas, 260 mil desplazados, 18 mil migrantes secuestrados cada año”.

El suelo mexicano es un polvorín donde el crimen organizado se ha infiltrado tanto en organismos públicos, como en las calles y zonas rurales. Muestra de ello son los levantamientos de autodefensa que han ejecutado comunidades de Michoacán, como Cherán y Urapicho; en poblados de la Costa Chica de Guerrero, y desde antes, en los Caracoles zapatistas de Chiapas; entidades marginales olvidadas todas por el Estado mexicano.

Tanto en México, como en Estados Unidos, miles de ciudadanos han firmado comunicados dirigidos a la élite de Harvard, para que recapaciten en la decisión de involucrar a Calderón en sus aulas. Aquí, al menos la campaña popular, de Eduardo Cortés Rivadeneyra, en Change.org.

Harvard, en su vocación totalitaria e imperialista, quizá necesite de Felipe Calderón, para conocer de viva voz cómo descomponer una nación, controlarla con tácticas de terror, extraer del suelo sus recursos minerales y petroleros para complacencia del extranjero, el empobrecimiento de millones, y todavía tener la capacidad para reír de ello.

Si nada cambia –que es lo más seguro–, Calderón iniciará su beca el próximo 28 de enero en el programa Global Angelopoulos de Líderes Públicos, de la Kennedy School de Harvard.

Enseguida una muestra del discurso Calderonista, en otra universidad: Stanford, cuando tuve la oportunidad de grabarlo y editar esta producción con sucesos que ocurrían por esos mismos días en México, muy distintas a las exitosas políticas ambientales que el expresidente exponía entonces a los jóvenes recién egresados de 2011.

Anuncios

La magia de Televisa

La fábrica de estrellas en México, Televisa, volvió a protagonizar una nueva ilusión mediática. En esta ocasión, durante el último “Grito” de Independencia de Felipe Calderón.
En los siguientes videos -instalados en YouTube- podrá usted encontrar las diferencias, entre lo que transmitió el “Canal de las Estrellas” y lo captado a ras de piso por los chavos #YoSoy132, el pasado 15 de septiembre.
Realmente se nota, que entre el balcón presidencial y la plancha del zócalo de la Ciudad de México, hay muchas diferencias.
Mientras arriba los del poder claman por los héroes muertos, abajo el pueblo mantiene los ideales vivos.


Escapar de México, y contarlo…

SAN FRANCISCO — Él es Saúl Reyes Salazar, sobreviviente de la familia Reyes, de Ciudad Juárez, activistas por más de 40 años en esa frontera. Seis de sus familiares han sido asesinados desde el año 2010 a la fecha. Sospechan del ejército mexicano y la policía federal. El pasado 19 de enero obtuvo asilo político en los Estados Unidos. Vivía amenazado de muerte.

Llegó a esta ciudad para contar su historia, porque “después de seis muertos, no puedo quedarme callado”. Antes, pasó por Sacramento, donde en reunión con senadores platicó su experiencia mexicana, para por fin, imponer normas legales a la administración de Barack Obama que permitan detener el incontrolable flujo de armamento desde este país hacia México.

Saúl Reyes, desde el recién fundado Eric Quezada Center, en el 518 de la calle Valencia, contó entre lágrimas, una vez más, su relato.

La historia narrada

Palabra de Saúl Reyes:
“La voz de mi hermana, Josefina Reyes, fue una de las primeras voces en contra de los feminicidios en Juárez, y a más de 10 años de este genocidio en contra de las mujeres, no hay claridad en las investigaciones, no hay justicia, no hay nada. Seguimos como al principio.

A partir de 2008, la violencia toma niveles graves, desde marzo, cuando quien se dice presidente de México, Felipe Calderón, militariza Ciudad Juárez, y el valle, y comienzan la persecución política, la desaparición, la tortura, los allanamientos de morada y la violación de los derechos humanos en toda su capacidad por miembros del ejército mexicano y cárteles protegidos por estos mismos.

La segunda agresión en contra de mi familia fue el secuestro de mi sobrino Julio César Reyes, hijo de Josefina, por 16 días, y que después de mucha presión al ejército, lo liberaron.

Apenas fue liberado, se estaba recuperando por la intensa tortura, cuando fue asesinado.

No hay investigación sobre el caso no hay ni una pista, aun cuando una patrulla militar estaba a menos de 200 pies de distancia de donde fue el asesinato.

El día 3 de enero de 2010 fue asesinada Josefina Reyes, la activista más reconocida en el valle de Juárez, en ese tiempo y hasta este momento.

Nosotros como hermanos y tíos de los fallecidos, de los asesinados, llamamos a la prensa y declaramos nuestra sospecha sobre que el ejército y la policía federal tuvieron responsabilidad, y el día 8 de agosto, el principal vocero de la familia, Rubén Reyes, fue asesinado.

La historia se volvió a repetir el día 7 de febrero. Un comando armado paramilitar entrenado y preparado, secuestra a mis hermanos Elías Reyes, y a su esposa, y a mi otra hermana, María Magdalena Reyes.

Mis dos hermanas y yo, y mi mamá, quedamos con vida. Iniciamos una huelga de hambre y una protesta frente a la fiscalía de Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua, exigiendo la investigación y la presentación con vida de mis hermanos, responsabilizando a las autoridades federales de la desaparición, y a las autoridades estatales de que aparecieran con vida”.

Gobierno nunca hizo nada

“El gobierno del estado, el gobierno federal, nunca, en los primeros días, hicieron nada. El 15 de febrero informamos que trasladaríamos nuestra huelga de hambre para el Senado de la república de México, pero el anuncio lo hicimos a las 4:00 de la tarde y a las 8:00 de la noche fueron incendiadas nuestras casas .

La casa de mi madre está a 300 pies de distancia del cuartel militar y nunca vieron nada, no sospechan de nadie, no saben. Nosotros protestamos frente al Senado de la república en el Distrito Federal, y fue entonces cuando el gobierno de Chihuahua comenzó a buscar a mis hermanos, pero siempre los buscó muertos, nunca los buscó vivos. Y eso es algo muy doloroso, porque es como si supieran que no estaban vivos.

19 días después de que habían desaparecido, los encontramos, los habían asesinado. Primero los torturaron, los asesinaron, los enterraron clandestinamente entre químicos como cal, los sacaron cuando la presión fue mucha, y los dejaron en un lugar donde los pudiéramos encontrar y así quedarnos callados.

Como todos los seres humanos, fuimos y los enterramos en un cementerio y decidimos recomenzar nuestra vida. Sabíamos que era muy difícil en Juárez, en el valle, en Chihuahua, pero dos días después de haberlos sepultado, a mi teléfono celular y al de muchos integrantes de la familia, nos empezaron a llamar del teléfono celular que mi hermano llevaba al momento del secuestro, para decirnos que seguíamos nosotros, que nos iban a matar.

Cuatro países nos ofrecieron asilo político: Francia, Canadá, Venezuela, España, pero cuando iniciamos los trámites en Ciudad de México, el gobierno mexicano nos cerró las puertas con esos países. No pudimos viajar a otro lugar, entonces buscamos el asilo político en los Estados Unidos.

Las embajadas de los cuatro países nos dijeron que era difícil recibirnos porque esto les provocaría un problema diplomático con México, y que no estaban dispuestos a perder su relación con México, por ayudarnos.

En México, todos tenemos una historia, ésta es la mía. Hoy estoy en Estados Unidos y el pasado 19 de enero fue aprobada mi solicitud de asilo. Tengo el estatus de refugiado político y duermo tranquilo. Ya no hay pesadillas, pero sí hay coraje, sí hay mucho dolor y por eso estoy aquí para compartir esta historia con ustedes e invitarlos a que juntos hagamos algo.

La última agresión en contra de mi familia la viví ya en El Paso, Texas, el 9 de junio, cuando la Caravana del consuelo, encabezada por Javier Sicilia, llegaba a Juárez. Declaré a la prensa que no era para mí la Caravana del consuelo, sino de la esperanza, porque a través de la solución de los problemas que proponía esa caravana, yo podía regresar a México y llevar flores a la tumba de mis hermanos.

Al día siguiente de mis declaraciones, cuando se hicieron públicas, alguien destruyó las tumbas de mis hermanos, arrancaron las cruces y la lápida de cemento la rafaguearon y las cruces aparecieron tiradas en la acera del cuartel militar donde duraron dos meses en la puerta principal, y los militares no saben quién las puso ahí.

Yo no puedo regresar a México y luchar por los cambios que mi país necesita, pero aquí estoy invitándolos a ustedes, para que desde aquí evitemos el libre flujo de armas hacia México, para que desde aquí pongamos atención en el Plan Mérida, para que evitemos que se repita Rápido y Furioso, para que con una simple opinión, o un fax o un e-mail a la Comisión de Asilo de Texas, permita que más ciudadanos mexicanos se sientan seguros como yo.

En México, mi actividad por opinar, por fundar organizaciones, por defender gente, perdí cuatro hermanos, y mi vida se me hubiera quedado allá. Estuve en entrevista con algunos senadores para impulsar la resolución de evitar el libre flujo de armas a México y el senador Kevin de León en el pleno del Senado me entregó un reconocimiento por mi labor en México a favor de la paz, y es triste que en México me quieran matar por lo que digo, y aquí me lo reconocen.

Tengo mucho coraje y dolor en mi corazón, pero no puedo sentarme a llorar o esconderme debajo de la mesa. Tengo que seguir hablando”.

.- Saúl Reyes

Apoyo a exiliados

Tan sólo en 2010, 3,950 mexicanos solicitaron a Estados Unidos el asilo político, según Saúl Reyes, quien es cofundador de Mexicanos en el exilio, en El Paso, Texas, pero fueron aprobados únicamente 49 de esas peticiones. Hasta el momento distintas organizaciones han reunido 28,000 firmas para solicitarle a la administración de Obama que detenga el flujo de armas a México. Usted puede hacerlo por medio de internet en el siguiente sitio: Alianzacivica.org.mx/altoalasarmas.

El cambio climático, según Calderón

Felipe Calderón vino al Área de la Bahía de San Francisco para motivar a los recién egresados de la Universidad de Stanford.

¿Cómo lo hizo? Habló del cambio climático, el tema de moda entre políticos y empresarios acaudalados que ven una rica fuente de explotación comercial en las nuevas tecnologías “verdes”: Al Gore, Bill Clinton, Arnold Schwarzenegger…

En su discurso, Calderón decía que era posible mantener el crecimiento económico y preservar la naturaleza, es decir: “Luchar contra la pobreza y el cambio climático”, según el presidente de México.

Quizá él tiene otra visión: ceder vastas hectáreas de recursos naturales a compañías extranjeras: en San Luis Potosí, el terreno que los huicholes llaman Wirikuta. Montes Azules, Chiapas. Oaxaca. Veracruz…

“Comunidades indígenas que son dueños de los bosques no han escogido más que talar los árboles, sembrar granos, y aun no podían alimentar a sus familias. El resultado ha sido más y más bosques destruidos, más pobreza”, dijo. Pero, es por los indígenas que en México quedan rastros de la naturaleza, y es por gobiernos como el suyo, que los pueblos son hundidos más y más en la miseria y en la pobreza.

El Mensajero

México al ritmo de guerra

Los muertos producto de la guerra de Felipe Calderón han creado un Estado de miedo 

Los militares están ahora en las calles, uno de ellos aquí a un costado del Palacio de Gobierno en Guadalajara. Foto RI

Ricardo Ibarra

Ya son más de 40,000 muertos desde que el presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa, inició su llamada guerra contra el narcotráfico.
Y la creciente cifra de cadáveres parece no terminar de llenar las fosas donde el futuro del país —hombres jóvenes casi todos ellos— es enterrado.
Los reporteros mexicanos publican día tras día las noticias de los balaceados, los decapitados, los levantados, los desaparecidos, los secuestrados, los enterrados, los masacrados, los torturados, los encajuelados, los enmaletados, los disueltos en sosa, las víctimas del fuego cruzado que dejan las batallas entre militares y una legión casi invisible de bandoleros que todos llaman cárteles de la droga.
Marcela Turatti, periodista de la revista Proceso, recién publicó un libro —Fuego cruzado, las víctimas atrapadas en la guerra del narco—, edición que “intenta trascender el número de muertos”, como ella dice, para contar el dolor humano de esta cruzada institucional que ha dejado montón de heridos y familias mutiladas, sin justicia, en un hábitat cercado por la corrupción, la impunidad y el miedo de convivir en una tierra sin ley.
Diversos funcionarios de la cúpula política en Estados Unidos (EEUU) —entre ellos la secretaria de Estado, Hillary Clinton—, han aplaudido la “estrategia” del mandatario mexicano contra estos distribuidores de la droga, que son quienes nutren los vicios narcóticos de millones de estadounidenses.
En este paraje de la historia reciente de México, El Mensajero entrevistó vía telefónica a Marcela Turatti.

El Mensajero (EM).–A cuatro años de esta guerra contra el narco, ¿quién va ganando?
Marcela Turati (MT).–Todos estamos perdiendo. No creo que haya alguien que esté ganando. Miedo, es el único que está ganando terreno. Veo que todo mundo está asustado, que todo el mundo está en caos, que nadie sabe qué hacer ni cómo ni dónde va a terminar esto. El gobierno dice que se han atrapado muchos capos y se ha decomisado mucha droga —más que nunca en la historia—, pero como vemos, por más capos que se agarren, hay alguien que inmediatamente los va a sustituir. Y mientras más se ataque directamente a los cárteles se genera más violencia. Vemos que los focos de violencia están relacionados con la captura de los grandes capos: inmediatamente empieza la pelea por la sucesión, por la plaza, ver quién fue el delator, el exterminio masivo de las familias. Puede que el gobierno —pues sí, su medidor es agarrar capos y decomisar drogas—, crea que con eso nos pueda decir que están ganando la guerra, pero esta guerra ha sido muy costosa para todos. Parece una guerra contra la sociedad, creo que todos estamos perdiendo finalmente. No hay nadie que esté ganando en esta guerra.

EM.–En todo combate hay una amenaza que justifica la violencia, ¿quién es el malo en esta película?
MT.–Ciertamente hay grupos criminales que están peleando. Se dice que hay siete disputas entre los cárteles, pero pues en ciertos lugares. Los límites entre quiénes son los malos y quiénes no pues son muy difusos, porque en algunos lugares —si no es que en todos—, vemos que hay policías que están del lado de algún grupo armado; policías estatales, policías federales, militares, agentes del gobierno que también ayudan a incubar a estos grupos criminales, entonces no hay que ver esto entre buenos contra malos, sino, hay que pensar que son nuestros jóvenes contra nuestros jóvenes quienes son los que están muriendo y hay que ver qué factores sucedieron para que prefirieran meterse al crimen organizado, qué empujó a tanta gente a meterse a esto, porque los que están muriendo, los que están perdiendo la vida, son los jóvenes de este país. Por eso nos debe preocupar, no es que se estén matando malos contra malos, son jóvenes en ciertas circunstancias contra otros. Así.

EM.– La violencia parece un problema epidémico, ¿hay una verdadera estrategia de combate al narco?
MT.– Esta violencia y la situación en que estamos de la narcocultura, esta sociedad que ha incubado el narcotráfico, pues no se va a resolver a balazos. Esto está muy arraigado, hay lugares donde todo mundo está metido, donde el gobierno mismo está metido. El discurso del gobierno es que la gente que está muriendo es gente que se mata entre sí, que son los malos contra los malos, y no hay ni siquiera investigación para afirmar esto. Siempre se dice eso, que es tan fácil,  que eran pandilleros, que estaban en el lugar incorrecto, que seguro tenían vínculos, pero pues vemos que no es así. Nada más se pensó en declarar una guerra, se pensó nada más en la estrategia militar y no se pensó en la violencia que podía generar, no se pensó en cómo atender a toda la gente, a todas las viudas, a todos los huérfanos, a todos los heridos, las personas que quedan lisiadas, discapacitadas, hacia dónde se van a ir las comunidades desplazadas.

EM.– La sociedad civil ha criticado esta guerra y ha salido a las calles a demandar paz, y por otro lado, EEUU alienta esta política militar, ¿debería volver el ejército a sus cuarteles?
MT.– Hay miles de personas que están sufriendo. Hay familias que están desintegradas, que están cayendo en la pobreza. Hay niños que están abandonando la escuela. Hay niños que van a tener, y ya tienen problemas afectivos grandes, no logran hacer su vida, no logran superar el duelo, no hay una atención. Es una llamada de atención urgente de que la estrategia debe cambiar y también tiene que haber otras formas de atacar al crimen organizado que no sea con más militares, que no sea con más armas, sino de una manera más integral, porque es multifactorial, de muchas dimensiones este problema. Lo que me parece es que quieren mantener así las cosas porque parece que México quiere mantener a los muertos y Estados Unidos pues librarse de cualquier responsabilidad que esto tiene, a pesar de que el consumo mayor, de mucha de esta disputa, es por el consumo de drogas en EE.UU. y también las armas con las que se están matando o nos estamos matando en México, vienen de EE.UU. Tiene que haber sensatez para pensar las cosas, para ver qué es lo mejor, para ver que esta estrategia desde el punto de vista militar solo va a generar más muertos. Lo más importante ahorita es ver cómo se restablece la paz y cómo frenamos tanta violencia.

EM.– En tu libro hablas de las víctimas de esta guerra, las “bajas colaterales” de este fuego cruzado…

MT.– Se requiere una atención urgente a miles de personas que quedaron atrapadas en este fuego cruzado, miles de personas que han perdido a un familiar, a las comunidades que han sobrevivido una masacre, a tantas personas, que son miles, que están como muertos en vida, sus vidas quedaron empantanadas emocionalmente, no les está dando la vida para seguir para adelante, que quedaron en la pobreza, en la peor de las vulnerabilidades y que necesitan atención. Hay comunidades enteras que tienen pesadillas que tienen mucho miedo que no pueden hacer su vida que están perdiendo el aparato productivo que están quedando abandonadas porque no tienen a quién recurrir.

EM.– Creel, un pequeño pueblo de Chihuahua, lo destacas como un ejemplo de lo que ocurre en todo el país…

MT.– Relato la masacre de agosto de 2008, cuando entra un comando armado a la comunidad de Creel. A la vista de todos matan a 13 jóvenes y el pueblo ahí se da cuenta de que su policía los había abandonado, se habían ido a un día de campo muy dudoso, muy raro, que su presidente municipal extrañamente tampoco estaba, no acude, y no tienen ni siquiera ministerios públicos que salieran a levantar los cadáveres. Las familias hacen lo que hacen, como todas estas familias que uno empieza a ver con ansia de justicia, esa frustración de hacerle justicia a sus hijos y encontrar a los asesinos. Se organizan, empieza cada quien por su cuenta a investigar y entre ellos comienzan a descubrir de dónde son los sicarios, dónde se esconden quién les da auxilio, empiezan a armar piezas de lo que pasó con los policías ese día dónde estuvieron. Encuentran los teléfonos celulares y direcciones de los sicarios y se lo dan a la Procuraduría, sin embargo, no van por ellos, los dejan escapar, entonces queda en duda la verdadera voluntad de hacer justicia (…). Cuando ven que no pasa nada que no se hizo justicia, ellos siguen investigando hasta que matan a uno de los papás, y logran frenarlos e inculcarles el miedo que habían perdido.  Al ponerse a investigar se dieron cuenta de que estaban parados sobre un polvorín, que es un pueblo de tráfico de drogas, que había un capo que lo cuidaba y cuando mataron al capo del pueblo pues empezaron estos ajustes de cuentas en los que sin querer esos hijos fueron muertos o quizá alguien tenía interés de aterrorizar a todos y se empiezan a dar cuenta del cochinero, que son unas farsas los operativos, de que hay ciertos arreglos, ciertos equilibrios, y esa puede ser la historia de todos, la historia a escala de un pequeño pueblo que se repite en todas las ciudades.

EM.– La violencia y el miedo parecen una cadena de consecuencias interminables, ¿queda esperanza para el pueblo mexicano?
MT.– Estamos cargando un lastre muy fuerte, como en cuatro años, casi cinco, de violencia extrema cada vez más creciente. Hay que empezar a aplicar políticas para atender a toda esta gente que se está quedando en el camino, pero también hay que repensar qué queremos como país, hacia dónde, qué estrategia es la que tiene menos costos sociales, qué políticas cambiar para evitar esto, porque por más militares y balas y guerra y ocupación territorial —que es lo que quiere el gobierno, es la estrategia—, pues la violencia, la cultura de la impunidad, la narco cultura, no se les está pegando ni a la estructura financiera de los cárteles, entonces se requiere repensar la estrategia, entrarle de diferente modo y creo que según las decisiones que se tomen al respecto es el resultado que vamos a tener, es cuánto tiempo vamos a tardar en frenar o no esta violencia. Estas decisiones tienen que ser más sensatas y más apegadas a la realidad y tienen que incluir a las víctimas que no estamos escuchando.
Si quiere meterse a la realidad atroz del México que esta guiando la política de Felipe Calderón, adquiera Fuego Cruzado, de Marcela Turatti. Ahí leerá, por ejemplo, lo que ocasionaron en 2010, 90,000 soldados en las calles, 15,000 marinos, 30,000 policías federales.
La ciudadanía ha exigido por diversas vías un cambio de estrategias al gobierno mexicano. La próxima marcha nacional por la paz y contra la guerra de Felipe Calderón saldrá de Cuernavaca el 5 de mayo y llegará a la Ciudad de México el 8 de mayo.

Ricardo Ibarra

El Mensajero

Grito silencioso por la paz en México

El 7 y 8 de mayo de 2011 ocurrió una gran marcha nacional e internacional a favor de la paz y la justicia en México, dentro de la llamada guerra de Felipe Calderón contra el narco… las ciudades aquí mostradas: San Cristóbal de las Casas, Ciudad de México, Guadalajara y San Francisco, California.

Crónica de Dolores

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El Mensajero

ImpreMedia

Ricardo Ibarra

SAN FRANCISCO.— Los viejos tiempos no fueron distintos a nuestros días. La cabeza del rebelde cura Miguel Hidalgo fue cercenada y expuesta en la famosa Alhóndiga de Granaditas, en Guanajuato, México, en 1811. El plan: advertir a los indígenas, mestizos y criollos que la sublevación no iba a ser tolerada por la Corona española, que en aquel inicio del siglo 19 controlaba el agreste territorio de la tuna y el nopal.

Hoy, los narcos tambien cortan cabezas para mandar señales de sangre a sus rivales. Tienen en jaque al gobierno federal, que encabezada por el presidente Felipe Calderón ha provocado a los grupos armados del país con su “Guerra al narcotráfico”. Y no es un grupo minoritario, el narco controla varios gobiernos estatales y locales con su dinero y armamento, como sucede en Tamaulipas. Secuestran a políticos renombrados, como a “El Jefe” Diego Fernández de Cevallos, desaparecido desde mitad de este 2010 por el presunto comando narco guerrillero, el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI).

En México, prácticamente cualquier pueblo o ciudad tiene una estatua en honor a Miguel Hidalgo. Y si es muy miserable la población, hay al menos una calle dedicada a este insurgente considerado el “Padre de la Independencia”, por alzar el famoso Grito de Dolores, con el cual incitó a sus fieles a levantarse contra “el mal gobierno”.

La ciudad de San Francisco también tiene calle y estatua. Está en el distrito de la Misión. En Dolores Park.

Pero el entorno es distinto a los sitios donde descansa la figura del insurgente en México. En este parque se puede ver durante cualquier domingo caluroso a los san franciscanos tomar el sol tirados en el pasto con todo y bronceador, sombrillas, bikini, gafas y perros sueltos.

Pobladores de distintas razas llegan, tienden alguna sábana, preparan aperitivos, charlan, toman algún brebaje con alcohol o sin alcohol y fuman yerba o la comen en galletas con sabor a chocolate que un tipo distribuye con sonrisa en la cara.

Entre esa muchedumbre hay un mexicano. No importa el nombre. Es uno más de los más de 30 millones que trabajan en Estados Unidos, la mayoría, como él, en el área de servicios. Él es uno de los paleteros que circulan por el parque, empujando el carrito con helados de la marca El michoacano. Dice que no está enterado de los festejos especiales que habrá en la ciudad con motivo del Bicentenario independentista. “Pues que festejen. Aquí es puro trabajar”, dice resignado.

En tono de broma le pregunto la fecha del famoso Grito de Dolores. No sabe. Finalmente a ese vendedor de paletas ni la Independencia ni la Revolución le heredó algún beneficio. En su país de origen la democracia existe en la demagogia de los políticos, con dos cuestionados procesos electorales como antecedente, el de Carlos Salinas en 1988 y en 2006 con Felipe Calderón.

¿Cómo llegó la estatua de Miguel Hidalgo a Dolores Park? Parece un misterio. El Consulado mexicano en San Francisco no tiene el dato.

Para el cónsul, Carlos Felix, lo más importante del Bicentenario en San Francisco es la “relación bicultural” entre mexicanos y estadounidenses: “Sin duda alguna, las aportaciones y presencia de los mexicanos en el llamado ‘Estado Dorado’ han contribuido en estos 200 años a su riqueza cultural, material, social y a servir de puente para un mejor entendimiento con México”.

Dice el dicho que las desgracias vienen en tres. Y muchos ya le han puesto el tercer nombre a la cadena de centenarios iniciada en 1810, continuada en 1910 y con este 2010 que espera su calificativo en la historia.

Las tribus bárbaras

RICARDO IBARRA

El hombre alzó el puño apretado, sudoroso, caliente, contra el rostro de la mujer. Lo azotó con un golpe solitario, seco. Los machos entorno, observadores de la escena, despiertan su inquietud de sangre, impactados por la furia repentina del aficionado que castigó con su puño la presencia femenina en las gradas del estadio de los Indios de Ciudad Juárez. Todos lo vimos a través de la pantalla, durante el torneo clausura 2009 del futbol mexicano. Todos vimos a un hombre golpear a una mujer en vivo, en señal abierta, desde la ciudad donde más mujeres son muertas por hombres, hombres furiosos, como el fanático de los Indios que fue expulsado de la tribuna por agentes policiacos y golpeado por otros hombres que defendieron a la mujer.

En Ciudad Juárez, como en el resto del país, los hombres pueden matar, los hombres asesinan, porque sí, porque pueden.

Y qué no se puede hacer en México. Todo se puede en este país. Excepto convivir de acuerdo a las leyes. En México nos corrompemos: y las reglas “se hicieron para romperse”. La tendencia natural del mexicano es transgreder, imponer su voluntad. “Aquí nomás los míos rifan”. La tendencia es controlar, destruir, consumirlo todo. “Nomás mis chicharrones truenan”.

Lo que presenciamos por la pantalla del televisor en la pasada liguilla, es sólo una muestra de una ciudad en decadencia, que como en la antigua Roma, se espera su próximo desenlace.

Ciudad Juárez es una simple muestra de la extrema violencia con la cual se impone el mexicano. Ciudad Juárez, según declaró a principios de este año el mismo presidente de la República, Felipe Calderón, junto con Tijuana y Culiacán, son los sitios donde se concentra el 57 por ciento de las muertes vinculadas con el crimen organizado.

Los mexicanos, bárbaros inalienables, parecieran mediums que aún alcanzan a escuchar el susurro de la antigua deidad mexica Huitzilopochtli, señor de la guerra y constante buscador del jade precioso, la sangre. México es una nación violenta, gobernada aún por el temible Huitzilopochtli, consejero invisible. Como en los antiguos códices, pero ahora con la tecnología del fin del mundo: el televisor, podemos seguir viendo cabezas decapitadas, sangre, muerte.

Fueron cerca de 2 mil 500 muertos en el año 2007, más de 5 mil 400 en 2008. En el primer trimestre de este 2009, la lista acumula 2 mil 600 asesinatos violentos relacionados con las mafias, con una tendencia menor a los primeros tres meses del año pasado, según el portavoz del Gobierno en materia de Seguridad, Alejandro Rubido. Aproximadamente, han sido mil los funcionarios públicos asesinados, según la PGR.

Esta cifra total, más de 10 mil muertos, parece menor a los 100 mil civiles muertos en la guerra de irak, de acuerdo al conteo de Iraq Body Count, desde 2003 al 2009. Pero no debe parecernos menor, porque en México no hay guerra civil, todo está bien y hay mano dura contra la delincuencia, según el gobierno federal.

La actitud violenta y agresiva de los mexicanos lo apreciamos en el calor de todos los días, en prácticamente cualquier ciudad del territorio nacional: en las calles, las escuelas, los trabajos. Es una forma de vida, de sobrevivencia, un modo de pensar (o no) y actuar. Es una cultura, quizá impuesta por la continua carencia y la pésima administración pública de nuestros funcionarios y políticos.

En la actual convulsión emocional que genera la crisis económica y social sobresalen dos actitudes: la mejor y la peor, el talento luminoso y el oculto primate dentro de nosotros. En estos días es cuando se revela la verdadera personalidad de los individuos y las colectividades.

Emerge la conciencia de la inconsciencia.

Entonces, cómo van a reaccionar los mexicanos ante esta realidad. ¿Seguiremos el camino de la autodestrucción, del vacío y la oscuridad? ¿O estamos listos para superarnos a nosotros mismos, a nuestro sistema político, a nuestras instituciones virulentas, a nuestras costumbres tranzas y corruptas?

Me pregunto: ¿Dónde están los movimientos pacifistas, que caracterizaron las generaciones de los años sesenta o setenta? ¿En dónde los grupos de intelectuales y artísticos deseando transformar la realidad, cuestionando la agresión sistemática del gobierno y las mafias?.

Por desgracia, no nos importa. Parece que seguimos una anormal atracción al vacío.

Pero eso, el tiempo lo confirmará.

No estamos solos

Los espías ya no son ficticios

Los espías ya no son ficticios en México

RICARDO IBARRA

Hay una noticia que los dueños de la telefonía celular en México ya saben y que no nos están diciendo: Todos los que utilizamos algún teléfono móvil debemos registrarlo con la compañía que nos proporciona el servicio, llámese Iusacell, Movistar o Telcel, antes del 13 de mayo de 2010.

¿Para qué? Dice el gobierno federal, encabezado por el presidente Felipe Calderón, que es por nuestra seguridad -hoy en día las tácticas del miedo se han vuelto tan usuales-, por lo que a principios de abril de este año, la Cámara de Diputados aprobó el Registro Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil, para combatir los delitos de extorsión, amenazas, secuestro y de la delincuencia organizada.

Pero hay otras razones: Al registrar nuestro móvil, con nuestro CURP o número de credencial del IFE, además de proporcionarle al gobierno y otras empresas nacionales y extranjeras, incluso bancos, nuestro domicilio y capacidad económica, con la nueva Ley de la Policía Federal, aprobada también por la Cámara de Diputados, curiosamente, el pasado 30 de abril, día en que los medios reproducían el pánico social con el tema de la influenza,  podremos ser rastreados por vía satelital. Claro, siempre y cuando a la súper organización policiaca que esta por formarse, le parezcamos sospechosos de cometer algún delito. Con esta nueva Ley de la Policía Federal, el gobierno con matices fascistas de Calderón podrá, además, escuchar o grabar llamadas telefónicas e intervenir comunicaciones vía internet, es decir, investigar sitios web o correos electrónicos. Y esto, aquí y en cualquier otro país, se llama espionaje.

¿A quién pretende investigar realmente el gobierno federal? Puede ser al narco, a secuestradores o cualquier mafia organizada. Pero también será una herramienta para vigilar a grupos “terroristas” o individuos “rebeldes” que demuestren públicamente su inconformidad con las acciones y decisiones del sistema político mexicano. La violación de la intimidad, en aras de la prevención del delito, sería una violación a nuestras garantías civiles y ciudadanas (que en teoría nos brinda la Constitución), un ejercicio antidemocrático que pretende instaurar una dictadura de la explotación y del control desmesurado.

La gran justificación del gobierno federal para imponer ambas medidas, tanto la del registro telefónico, como la del espionaje, son la llamada prevención del delito. Es aquí donde no comprendo el razonamiento de las autoridades mexicanas: La mejor estrategia para prevenir el delito, en cualquier comunidad humana, es mediante la garantía de sus derechos individuales, como la salud, la educación, el alimento, el techo, el esparcimiento; cuestiones elementales para una sociedad que pretende vivir en armonía.

Supongo que las autoridades mexicanas son incapaces de brindarnos al pueblo, lo que ellos sí gozan hasta el nivel de la opulencia y la desvergüenza.

Seamos sinceros. Todos lo sabemos: La Policía Federal necesita urgentes ajustes. Subsiste una severa falta de control de sus propios elementos e integrantes. La pregunta es: ¿A quién le será útil la información que recaben los espías policiacos?

Si estas leyes no se ajustan a un estricto sistema de control, se covertirán en un instrumento útil para funcionarios corruptos, y seguramente, en un daño para la vida pública, civil, democrática y organizada de la sociedad.

Por cierto, quien no registre su teléfono celular antes de mayo de 2010, no tendrá acceso al servicio telefónico móvil: Es una orden federal.

Discusiones pachecas

globalmarihuanamarch

RICARDO IBARRA

Han sucedido dos fenómenos en torno al consumo de las drogas en México: Primero, que a partir de la psicosis creada por ese mítico microbio aéreo y contagioso, bautizado por los sacerdotes de la ciencia como Influenza A-H1N1, el junkie, drogadicto, enfermo o como quiera llamársele al consumidor habitual de estupefacientes, ya no puede ejecutar esa vieja leyenda del rolling stone, es decir, rolar la piedra, ese ejercicio que hacía comunitario el hábito de enredarse en el cielo con Lucy.

Segundo, y no menos importante, son las discusiones, pocas, que genera la ley de narcomenudeo que aprobaron el Senado de la república el 30 de abril -días de paranoia virulenta en México- y en días recientes, el 8 de mayo, la Cámara de diputados… Y lo que revelan algunas de esas discusiones pachequísimas es pleno desconocimiento y falta de información, tanto en los foros persona a persona, como los virtuales, en Internet.

Para nuestro mal viaje, los medios de comunicación nacionales y regionales han vertido a los ciudadanos pocos elementos para discutir plenamente, con sustento y conocimiento de causa, esta pronta reforma a la constitución mexicana que permitiría al junkie, drogadicto, enfermo, dependiente, planeador del infinito o buscador de Dios, portar mínimas cantidades de opio, heroína, cocaína, marihuana, cristal, LSD, y metanfetaminas.

La desinformación hace que cualquier debate sobre el tema sea un mal viaje.

Lo que sabemos es que la reforma para despenalizar la posesión de pequeñas cantidades de drogas fue una propuesta que presentó al Congreso el mismo presidente del país, Felipe Calderón, el 2 de octubre del año pasado -como para hacerle ruido a los 40 años del asesinato de estudiantes universitarios en la ciudad de México-. Lo hizo, según dijo entonces y mantiene hasta ahora, para avivar su cruzada contra el narcotráfico y calmar la violencia que éstos generan en las calles.

Hay que recordar, que esta misma propuesta fue vetada por Vicente Fox durante su fantástico reinado en Foxilandia, pero en mayo de 2006.

La aprobación de esta ley de narcomenudeo por ambas cámaras sucede un par de meses después de que la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, la cual integra nuestro ex presidente Ernesto Zedillo, concluyera que es urgente evaluar la despenalización del consumo de la mariguana, fortalecer el tratamiento de adictos y emprender “una lucha implacable” contra el crimen organizado que ha infiltrado las instituciones.

En el momento en que estamos, sólo falta que Felipe Calderón apruebe la medida, convertirla en ley y publicarla en el Diario Oficial de la Federación. De ahí, el plazo para que la droga “individualizada” pueda circular en la cartera o en la guantera del coche es de un año.

Aún así, quedan muchas dudas con esta ley, que aplicaría a partir del próximo año: 2010.

Si el estado mexicano, como actualmente comprobamos, no puede controlar un brote irregular de gripe, cómo aplicaría esta ley de narcomenudeo en un territorio como el nuestro, con su larga historia en pobreza, corrupción, impunidad, tráfico de influencias, agresión policiaca, y además, con el apoyo del ejercito mexicano.

Es aquí en donde la “lucha imparable” podría dirigirse no al narco, sino a los movimientos armados que subyacen en la orografía nacional.

Recordemos: 2010 es una fecha mítica para el revolucionario mexicano. Ocurrió en 1910 (Revolución Mexicana), en 1810 (Independencia). Y en México hay por lo menos 19 grupos armados identificados por el gobierno federal. Muchos de éstos en el sureste mexicano.

¿Será ésta una medida para enrarecer el ambiente y facilitar la agresión del estado mexicano contra el pueblo, harto de tanta explotación?

Recién ocurrió en Chiapas, en donde el hostigamiento del Estado comenzó a operar contra miembros del EZLN. El 21 de abril fue detenido y ocultado por más de 80 horas el zapatista Miguel Vázquez Moreno, cerca de las cascadas de Agua Azul, donde operaba una camioneta de transporte para turistas. Luego, la madrugada del 26 de abril, paramilitares vinculados con un partido político de la región descargaron más de 60 tiros en una casa de otro zapatista, en el Municipio autónomo comandanta Ramona. Ese día sobrevoló incluso la zona un helicóptero de seguridad pública.

También hará falta resolver el aspecto sanitario. ¿Funcionarán y serán suficientes los centros Nueva Vida que impulsa el gobierno calderonista? Además, ¿conviene que el tratamiento sea obligatorio a partir del tercer reporte del ministerio público? ¿Es necesario este vínculo entre justicia y salud? ¿Qué organismo regularía a ambos?

Otro punto: ¿Los policías traerán en sus patrullas pequeñas básculas para pesar los gramos y miligramos de droga que la ley permitirá, o como siempre, harán de las suyas hasta el exceso de la tranza y la corrupción, al llevarse a cualquiera joven malafacha al cuartel sembrándole la droga en sus bolsillos? Y hay que destacarlo: A quien porte más de lo permitido, se le impondrá prisión de cuatro a ocho años y de 200 a 400 días de multa “a quien sin autorización comercie o suministre, aún gratuitamente, narcóticos (…) en cantidad que resulte de multiplicar por mil el monto de las previstas en la tabla”.

La despenalización de la droga en México, tal como esta ahora el sistema político, económico, judicial, educativo y de salud, es como proporcionarle cerillos a un niño curioso e hiperactivo, solo en su casa, sin la vigilancia de sus padres.

Esta ley es sin duda la usurpación de un negocio, o por lo menos, pasará al control de unos cuantos. Hay más preguntas: ¿quién se queda con el fructífero negocio?, ¿a quién dejarán operar las llamadas narcotienditas?, ¿quién decidirá cuáles permanecen y cuáles no? Esto es, señores, la preservación del territorio por los cárteles y la distribución de la riqueza generada por el narcotráfico para unos cuantos, incluidos narcos, empresarios y funcionarios públicos.

Es todo. Espero no haberlos malviajado… demasiado.