Él lleva labial rojo

'Mitzi' baila con su sombra en el 'Esta Noche', de San Francisco. Foto: Ricardo Ibarra

‘Mitzi’ baila con su sombra en el ‘Esta Noche’, de San Francisco. Foto: Ricardo Ibarra

El estribillo aquel de Bronco: “Con zapato de tacón, las nenas se ven mejor”, puede ser mal interpretado en ‘Esta Noche’, bar de trasvestis en el barrio latino de San Francisco, la Misión.

Al menos ocurriría la confusión si el comensal empina un tequila doble y contempla a Mitzi Lee mover su cuerpo al ritmo frenético de la reverberación tropical.

En este video que produje –por una inesperada desviación nocturna–, “Mitzi” cuenta cómo fue definiendo su personalidad transgénero en la ciudad de San Francisco, hasta lograr incluso conservar su personalidad, no sólo arriba del escenario de Esta Noche, sino como cocinera en un restaurante de la ciudad, durante el día.

San Francisco definitivamente es el refugio de miles de homosexuales, lesbianas, bisexuales y transgénero –no sólo de Estados Unidos, sino de inmigrantes internacionales–, donde encuentran festivales anuales como el del Orgullo Gay o las fiestas en el vecindario de Castro, como Halloween, o incluso el programa de cine Lésbico Gay.

A la vuelta de la esquina encuentras espacios de esparcimiento como el Esta Noche, donde, si llegas a entrar, posiblemente puedas reconocer que con zapatos de tacón, no sólo “las nenas se ven mejor”, como entona Lupe Esparza. Y si a ese accesorio tan femenino le agregas el labial rojo, la peluca, el perfume, las lentejuelas, el sonido, las luces, los movimientos…

Homosexual o heterosexual, blanco o negro, nativo o extraterrestre, qué importa. Las diferencias son la riqueza de la humanidad.

¿O quién prefieres ser tú esta noche?

Mejor: ¿Quién eres tú ahora?

Los días después del sida

David Weissman, director y productor de We Were Here

30 años después, el documental ‘We Were Here’ muestra el exterminio que representó la expansión del VIH en San Francisco

Ricardo Ibarra

SAN FRANCISCO.— En el inicio de los ochenta, esta ciudad era una cama caliente para la libertad y exploración sexual entre parejas del mismo sexo. También lo era para un creciente movimiento político que marcó a la ciudad como “el modelo” a seguir para los ojos de una sofocada comunidad homosexual en el mundo.

Era pues un clóset sin puertas ni escondrijos. En ese contexto, y tras el asesinato del primer funcionario abiertamente gay de San Francisco, Harvey Milk, llegó la bomba virulenta del sida. Un virus desconocido que en un principio fue llamado “el cáncer de los gays”, que borró del mapa a tu amigo, los amigos de tus amigos y pronto sería una epidemia mundial con orígenes desconocidos.

We Were Here (Nostros estuvimos aquí) es el documental del director y productor David Weissman, quien vivió aquí esos días, y revive aquella época —30 años después de la enfermedad—con los testimonios de cinco personajes que arribaron a la ciudad antes de la epidemia, pero que sobrevivieron a nombres y rostros que se desdibujaron para tan solo incrementar los números mortales del VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana).

La charla ocurre en una oficina con videos VHS sostenidos en libreros anclados a las paredes y entre carteles de películas más bien noventeras que recientes. Weissman es alto, calvo y delgado, con la cara metida en unos lentes amarillos que reciben al extraño con amabilidad.

–¿Porqué abordar esta historia justo ahora?, se le pregunta.

–No ha habido ninguna película que yo conozca que sea posepidémica, quiero decir ese punto que brota la epidemia. Había sido muy temprano para reflejar esto. Necesitaba un espacio y tiempo para que la gente tuviera la voluntad de revisitar un periodo muy doloroso. La idea de revisitar un proceso emocional como esto es relativamente nuevo, creo. En algún grado resultó del surgimiento de los veteranos de Vietnam o las experiencias de los sobrevivientes del holocausto, es esa conciencia de preservar la historia, como una comunidad tratando de curarse después de una experiencia muy dolorosa.

–En el documental todos los personajes se quiebran en algún momento, ¿era necesario abrir el dolor?

–El casting fue lo prioritario en la cinta. Fue necesario escoger personas y encontrar quien en verdad tuviera el deseo de hacerlo, de revisitar esos años, de hacer escuchar sus historias, que ellos se escucharan a sí mismos contando su historia y tratar de ayudar al mundo con esto. Si yo tenía que convencer a alguien para que lo hiciera, quizá no eran las personas adecuadas para estar en la cinta. Y no fue fácil para mí como entrevistador ni para ellos como entrevistados. El proceso de la entrevista en sí fue de un dolor intenso y aún muy sanador y hermoso. Lo que las hizo únicas era que no eran entre un entrevistado y un entrevistador, entre alguien que no sabe y alguien que sí sabe, porque yo viví todos esos años aquí en San Francisco, así que las entrevistas ocurrieron más como una conversación entre dos personas que compartieron una experiencia común. De alguna manera eran sesiones súper intensas para ambos.

–¿Porqué te decidiste por esos cinco personajes en particular?

–No hubo ningún plan o teoría escrita de quiénes tendrían que ser los protagonistas. Sí quería que fueran pocas personas, porque quería que las entrevistas fueran muy profundas. Para que la cinta funcionara tenía que establecer una relación entre el espectador y la gente en la pantalla, y mientras menos gente mejor. Había una sola entrevista que pudo cubrir la película completa, porque era tan rica. Pero obviamente el balance es obtener algún grado de respiro y profundidad. Y eso es una negociación en el proceso de edición.

–¿Como fueron esos años para ti?

–Tengo unas cuantas hojas de papel en casa donde escribía los nombres de gente que conocía y que morían, y hay quizá 200 nombres en esa lista. Fueron tiempos difíciles de vivir aquí. Y considerando que esto sucedió cuando tenía 27 o 28 años, y siguió y siguió y siguió, no es como un huracán que sucede una sola vez, que ocasiona un trauma particular, esto era más como una nueva normalidad, donde esa vida normal se convertía en una terrible enfermedad, terrible sufrimiento y mucha muerte.

–El documental retrata esas primeras muertes, cuando había desconocimiento de la enfermedad, ¿cómo son los programas de salud ahora a diferencia de aquellos días?

–El principal problema en este país es primero que no tenemos un buen cuidado de la salud y eso no es solo un problema relacionado al sida sino para todos; no tenemos un cuidado nacional de la salud. La gente que se infecta del VIH son dependientes de los programas de gobierno que pagan este medicamento costoso y no hay garantía de que continuarán pagandolo. Cada año es una lucha y si las personas no pueden acceder a estas drogas morirán. La enfermedad no es menos fatal ahora, sino que es manejable. Lo segundo es la prevención, no hay nada cercano al pago de la prevención, porque la enfermedad aparenta ser manejable, pienso que la gente es complaciente respecto a su seguridad sexual y definitivamente no hay la atención adecuada para ayudar a que la gente evite contagiarse.

–Hay muchas teorías sobre cómo inició esto, la más extrema es que fue planeada y creada por el hombre…

–Yo ni siquiera quiero ir ahí.

–El movimiento gay en San Francisco tenía mucha actividad en esa época, ¿crees en alguna conspiración para detenerla?

–No, no quiero tener esa conversación. No creo que fue planeado, no creo en una conspiración. Creo que la respuesta del gobierno fue terriblemente inadecuada y basada en odio a la gente gay. La administración de (Ronald) Reagan fue criminalmente negligente al responder a la epidemia. Pero que si creo que alguien lo empezó, intencionalmente, para matar a alguien, no.

–¿Es Castro solo el lugar para salir de fiesta en San Francisco?, ¿ha terminado la lucha para la comunidad gay?

–Todavía no tenemos igualdad de derechos en la sociedad, todavía somos discriminados. La mayoría de la gente gay decide salir de sus pequeños pueblos y venir a las ciudades grandes porque no son lugares a salvo para ser abiertamente quienes son y esto es terrible. Todos deberían de tener las mismas posibilidades de vivir una vida plena, como sean y donde quieran estar, y estamos lejos de eso en esta cultura, y espero que los jóvenes sepan esta historia y que en algún punto luchen en contra de esto en algún momento. Pero la gente encuentra su camino, no puedes forzarlos.

–¿Cuáles serían esas luchas?

–Creo que necesitamos igualdad de derechos y punto. Si creo que el matrimonio es una buena institución o no es un problema por separado, así como estar en la milicia. El hecho de que nosotros como personas tengamos restringidos cualquier derecho que tienen los no gays es inaceptable y punto.

We Were Here tiene su estreno en el teatro Castro de San Francisco, a las 7:30 p.m., con acceso VIP desde las 6:00 y charla con el director al final de la presentación el viernes 25 de febrero. El documental estará hasta el 3 de marzo. Para consultar la cartelera visita: http://www.castrotheatre.com.

Mismo sexo, ¿misma casa?


La Opinión

Ricardo Ibarra

SAN FRANCISCO.— Paciencia es una de las virtudes que tendrá que desarrollar la comunidad gay de California. Al menos, hasta que en diciembre la Corte Federal de Apelaciones del Noveno Circuito decida si es o no constitucional el matrimonio entre parejas del mismo sexo.

La Corte Federal suspendió la decisión del juez Vaughn Walker, quien en días recientes había autorizado los matrimonios entre parejas del mismo sexo a partir de este miércoles 18 de agosto, a las 5:00 p.m.

Ahora las uniones legales de gays y lesbianas tendrán un suspenso indefinido, pues la Corte escuchará del caso hasta diciembre de 2010, y el proceso podría continuar hasta el próximo año, cuando posiblemente llegue hasta la Corte Suprema de Estados Unidos.

El director de asuntos gubernamentales, Mario Guerrero, adscrito a la organización California por la igualdad, explicó que la Corte Federal tendrá que decidir dos asuntos: “Uno es si los opositores, los que apoyan la Proposición 8, podrán apelar”. La segunda se deriva de esta primera elección: “Si eligen que pueden apelar, entonces escucharán el caso y darán su decisión sobre si la Proposición 8 es constitucional o no”.

La Proposición 8 fue votada por los electores de California para eliminar el derecho al matrimonio entre parejas del mismo sexo, en 2008. De manera que la Constitución del estado sólo reconoció la unión civil entre hombres y mujeres.

En este caso, son tres jueces los que integran la Corte Federal de Apelaciones. Edward Leavy, Michael Daly Hawkins y Sidney R. Thomas. Dos de ellos con más tendencias liberales que otro. Esto no es lo relevante, sostiene Guerrero. “Nosotros creemos que los argumentos son lo importante, los mismos con los que el juez Walker tomó su decision para habilitar a la comunidad gay para casarse”.
¿Cuáles son esos argumentos? Pues que la unión legal entre homosexuales no daña la institución del matrimonio. Que tampoco perjudica a los niños sostenidos por estas parejas, y al contrario, los pequeños podrán disfrutar de los mismos apoyos y atenciones que los hijos de un matrimonio heterosexual.

Mario Guerrero, de la organización sin fines de lucro, tiene claro que la discusión llegará hasta la Suprema Corte. Entonces, “no sabemos qué es lo que pueda suceder. Seguramente, tendremos que volver a proporcionar nuestros argumentos, como también lo harán quienes apoyan la Proposición 8. La Corte Suprema tendrá la habilidad de decidir si es constitucional negarle la libertad de casarse a las parejas del mismo sexo”.

La Corte Suprema también tiene la facultad de no escuchar el caso y dejar la decisión a la Corte Federal de Apelaciones o la Corte de Distrito, “entonces quedaría habilitado el matrimonio entre parejas del mismo sexo”, sentencia Guerrero. Y remata: “Es un juego de espera”.

“Los esfuerzos no paran aquí. Tenemos que seguir y no sólo en las cortes, sino en el rango público. Necesitamos conversar con la familia y la comunidad, expicar por qué es importante para nosotros el matrimonio civil. Hay que seguir apoyando a lideres estatales que apoyan a la comunidad gay. La lucha no es sólo en las cortes, también hay que ganar en la decisión del público”, dijo.

Vestidos y alborotados

En México, cuando el novio jamás aparece en el altar para comprometerse con su novia, ante la ley divina, se dice que ella quedó “vestida y alborotada”.

Eso parece que sucedió con la pareja homosexual formada por José Jiménez —42 años, originario de México— y Jimmy Tilley —28 años, de Sequim, Washington—, cuando supieron que no podrían unirse legalmente este sábado 21 de agosto, fecha tentativa para su boda en el City Hall de San Francisco.
Los trajes quedaron adentro del clóset. Los vuelos de familiares y amigos fueron cancelados. Los anillos de compromiso en el interior del estuche. La ilusión en el calendario.

“Estamos decepcionados y tristes, pues no esperábamos esta decision”, confiesa Jiménez. “Sabíamos de la posibilidad, pero no lo esperábamos. Entre mi pareja y yo no cambia nada. Somos los mismos, pero las protecciones civiles que te brinda el matrimonio no las tenemos. Ojalá el próximo año podamos casarnos”.

José y Jimmy tienen más de cuatro años juntos. En 2008 decidieron unir sus vidas bajo el resguardo legal del matrimonio, cuando hubo posibilidad. No lo lograron. Desde entonces piensan en la boda. “Nuestras vidas son iguales a otra pareja casada, sólo que no tenemos los derechos civiles”, expone Jiménez.

Aunque en Ciudad de México fue abierta la discusión respecto a la adopción de niños entre matrimonios homosexuales, y es possible hacerlo en otros países, como Argentina o España, Jiménez asegura que este tema no es relevante en su relación. “No estamos en esa parte de nuestras vidas. No es algo que queramos hacer ahora, pero en unos dos años o cinco o los que sean, hablaremos de la adopción”.

José Jiménez pertenece al grupo de las minorías y la de los discriminados en Estados Unidos. Tiene ascendencia mexicana y es homosexual. Su vida es una constante lucha. Sabe lo que es exigir derechos ciudadanos.

Este es su desenlace: “Algo que los latinos hemos tenido en toda la historia de Estados Unidos es la discriminación. Como latinos tenemos que estar juntos. Las decisiones de las cortes afectan a muchas familias con integrantes gays o lesbianas. A todos nos afecta. Todos somos iguales. Buscamos algo mejor. Cuando mi mamá llegó a Los Ángeles quería que todos sus hijos fueran felices. Yo soy el único que hasta ahora no puede casarse”.

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