Peña Nieto en Venezuela

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Enrique Peña Nieto, quien ocupa la presidencia de México, jamás saludó de mano al recién fallecido Hugo Chávez, líder revolucionario de la ahora nombrada República Bolivariana de Venezuela.

Aún así, la noche de este jueves el ahora líder del PRI volará a Caracas para asistir al funeral de Chávez, acaecido oficialmente este 5 de marzo a las 4:25 de la tarde por “un paro fulminante”.

Me preguntaba, ¿cómo saludaría este “militar, lector de Eduardo Galeano y de Gabriel García Márquez” [según describió la periodista argentina Stella Calloni] –si estuviera vivo– a su homónimo residente de Los Pinos que no atinó a responder tres de sus lecturas favoritas en la feria del libro más importante de Iberoamérica, la FIL.

En su momento, Chávez llamó al ex presidente de México, Vicente Fox, “cachorro del imperio”. Luego, de Felipe Calderón dijo: “Parece que este caballerito va por el mismo camino”.

En su época –que fue también la nuestra–, Chávez impulsó innumerables cambios para la recuperación de la soberanía y dignidad venezolana, entre ellos una marea de expropiaciones y nacionalizaciones de empresas privadas en manos de consorcios extranjeros, la mayor parte de ellas petroleras, mineras y cementeras, así como importantes yacimientos de oro; además de otras industrias como las telecomunicaciones [entonces controlada por Verizon, compañía estadounidense] y electricidad, más edificaciones, viviendas, estacionamientos y tierras. Con estrategias como éstas, disminuyó la pobreza, el analfabetismo e incrementó el acceso a la salud y a la vivienda.

El viaje de Peña Nieto a suelo Bolivariano resulta en este contexto, como representante de un gobierno que a tres meses de establecido perfila la continuidad de la militarización de México como eje de apoyo para abrir las tierras fértiles y los recursos naturales a consorcios extranjeros, y en caso de resistencias, reprimir las manifestaciones de los pueblos en defensa de sus territorios, como me plantearon las analistas políticas Gloria Muñoz Ramírez y Laura Carlsen. A esto habría que sumarle la pretenciosa privatización de sectores energéticos como Petróleos Mexicanos o CFE, o de la educación pública y el incremento de los impuestos a medicinas y alimentos. Es decir, Enrique Peña Nieto impulsa, no la extinción de la pobreza, sino la extinción de los más pobres.

Me pregunto, con este antecedente: ¿Cómo saludaría Hugo Chávez a Peña Nieto?

Lo que es seguro: el color rojo que comparten ambos gobiernos navega por una marea con muy distintas corrientes.

En La Opinión