Escapar de México, y contarlo…

SAN FRANCISCO — Él es Saúl Reyes Salazar, sobreviviente de la familia Reyes, de Ciudad Juárez, activistas por más de 40 años en esa frontera. Seis de sus familiares han sido asesinados desde el año 2010 a la fecha. Sospechan del ejército mexicano y la policía federal. El pasado 19 de enero obtuvo asilo político en los Estados Unidos. Vivía amenazado de muerte.

Llegó a esta ciudad para contar su historia, porque “después de seis muertos, no puedo quedarme callado”. Antes, pasó por Sacramento, donde en reunión con senadores platicó su experiencia mexicana, para por fin, imponer normas legales a la administración de Barack Obama que permitan detener el incontrolable flujo de armamento desde este país hacia México.

Saúl Reyes, desde el recién fundado Eric Quezada Center, en el 518 de la calle Valencia, contó entre lágrimas, una vez más, su relato.

La historia narrada

Palabra de Saúl Reyes:
“La voz de mi hermana, Josefina Reyes, fue una de las primeras voces en contra de los feminicidios en Juárez, y a más de 10 años de este genocidio en contra de las mujeres, no hay claridad en las investigaciones, no hay justicia, no hay nada. Seguimos como al principio.

A partir de 2008, la violencia toma niveles graves, desde marzo, cuando quien se dice presidente de México, Felipe Calderón, militariza Ciudad Juárez, y el valle, y comienzan la persecución política, la desaparición, la tortura, los allanamientos de morada y la violación de los derechos humanos en toda su capacidad por miembros del ejército mexicano y cárteles protegidos por estos mismos.

La segunda agresión en contra de mi familia fue el secuestro de mi sobrino Julio César Reyes, hijo de Josefina, por 16 días, y que después de mucha presión al ejército, lo liberaron.

Apenas fue liberado, se estaba recuperando por la intensa tortura, cuando fue asesinado.

No hay investigación sobre el caso no hay ni una pista, aun cuando una patrulla militar estaba a menos de 200 pies de distancia de donde fue el asesinato.

El día 3 de enero de 2010 fue asesinada Josefina Reyes, la activista más reconocida en el valle de Juárez, en ese tiempo y hasta este momento.

Nosotros como hermanos y tíos de los fallecidos, de los asesinados, llamamos a la prensa y declaramos nuestra sospecha sobre que el ejército y la policía federal tuvieron responsabilidad, y el día 8 de agosto, el principal vocero de la familia, Rubén Reyes, fue asesinado.

La historia se volvió a repetir el día 7 de febrero. Un comando armado paramilitar entrenado y preparado, secuestra a mis hermanos Elías Reyes, y a su esposa, y a mi otra hermana, María Magdalena Reyes.

Mis dos hermanas y yo, y mi mamá, quedamos con vida. Iniciamos una huelga de hambre y una protesta frente a la fiscalía de Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua, exigiendo la investigación y la presentación con vida de mis hermanos, responsabilizando a las autoridades federales de la desaparición, y a las autoridades estatales de que aparecieran con vida”.

Gobierno nunca hizo nada

“El gobierno del estado, el gobierno federal, nunca, en los primeros días, hicieron nada. El 15 de febrero informamos que trasladaríamos nuestra huelga de hambre para el Senado de la república de México, pero el anuncio lo hicimos a las 4:00 de la tarde y a las 8:00 de la noche fueron incendiadas nuestras casas .

La casa de mi madre está a 300 pies de distancia del cuartel militar y nunca vieron nada, no sospechan de nadie, no saben. Nosotros protestamos frente al Senado de la república en el Distrito Federal, y fue entonces cuando el gobierno de Chihuahua comenzó a buscar a mis hermanos, pero siempre los buscó muertos, nunca los buscó vivos. Y eso es algo muy doloroso, porque es como si supieran que no estaban vivos.

19 días después de que habían desaparecido, los encontramos, los habían asesinado. Primero los torturaron, los asesinaron, los enterraron clandestinamente entre químicos como cal, los sacaron cuando la presión fue mucha, y los dejaron en un lugar donde los pudiéramos encontrar y así quedarnos callados.

Como todos los seres humanos, fuimos y los enterramos en un cementerio y decidimos recomenzar nuestra vida. Sabíamos que era muy difícil en Juárez, en el valle, en Chihuahua, pero dos días después de haberlos sepultado, a mi teléfono celular y al de muchos integrantes de la familia, nos empezaron a llamar del teléfono celular que mi hermano llevaba al momento del secuestro, para decirnos que seguíamos nosotros, que nos iban a matar.

Cuatro países nos ofrecieron asilo político: Francia, Canadá, Venezuela, España, pero cuando iniciamos los trámites en Ciudad de México, el gobierno mexicano nos cerró las puertas con esos países. No pudimos viajar a otro lugar, entonces buscamos el asilo político en los Estados Unidos.

Las embajadas de los cuatro países nos dijeron que era difícil recibirnos porque esto les provocaría un problema diplomático con México, y que no estaban dispuestos a perder su relación con México, por ayudarnos.

En México, todos tenemos una historia, ésta es la mía. Hoy estoy en Estados Unidos y el pasado 19 de enero fue aprobada mi solicitud de asilo. Tengo el estatus de refugiado político y duermo tranquilo. Ya no hay pesadillas, pero sí hay coraje, sí hay mucho dolor y por eso estoy aquí para compartir esta historia con ustedes e invitarlos a que juntos hagamos algo.

La última agresión en contra de mi familia la viví ya en El Paso, Texas, el 9 de junio, cuando la Caravana del consuelo, encabezada por Javier Sicilia, llegaba a Juárez. Declaré a la prensa que no era para mí la Caravana del consuelo, sino de la esperanza, porque a través de la solución de los problemas que proponía esa caravana, yo podía regresar a México y llevar flores a la tumba de mis hermanos.

Al día siguiente de mis declaraciones, cuando se hicieron públicas, alguien destruyó las tumbas de mis hermanos, arrancaron las cruces y la lápida de cemento la rafaguearon y las cruces aparecieron tiradas en la acera del cuartel militar donde duraron dos meses en la puerta principal, y los militares no saben quién las puso ahí.

Yo no puedo regresar a México y luchar por los cambios que mi país necesita, pero aquí estoy invitándolos a ustedes, para que desde aquí evitemos el libre flujo de armas hacia México, para que desde aquí pongamos atención en el Plan Mérida, para que evitemos que se repita Rápido y Furioso, para que con una simple opinión, o un fax o un e-mail a la Comisión de Asilo de Texas, permita que más ciudadanos mexicanos se sientan seguros como yo.

En México, mi actividad por opinar, por fundar organizaciones, por defender gente, perdí cuatro hermanos, y mi vida se me hubiera quedado allá. Estuve en entrevista con algunos senadores para impulsar la resolución de evitar el libre flujo de armas a México y el senador Kevin de León en el pleno del Senado me entregó un reconocimiento por mi labor en México a favor de la paz, y es triste que en México me quieran matar por lo que digo, y aquí me lo reconocen.

Tengo mucho coraje y dolor en mi corazón, pero no puedo sentarme a llorar o esconderme debajo de la mesa. Tengo que seguir hablando”.

.- Saúl Reyes

Apoyo a exiliados

Tan sólo en 2010, 3,950 mexicanos solicitaron a Estados Unidos el asilo político, según Saúl Reyes, quien es cofundador de Mexicanos en el exilio, en El Paso, Texas, pero fueron aprobados únicamente 49 de esas peticiones. Hasta el momento distintas organizaciones han reunido 28,000 firmas para solicitarle a la administración de Obama que detenga el flujo de armas a México. Usted puede hacerlo por medio de internet en el siguiente sitio: Alianzacivica.org.mx/altoalasarmas.

Anuncios

Hondureños entre águilas y serpientes

Migrante pidiendo informes en Central Camionera de Tijuana. RI

Del sueño americano a la realidad mexicana

TIJUANA/MEXICALI.—Camionetas y granadas. Margarita tiene un secreto. Un silencio con el cual intenta olvidar lo que sucedió en un remoto pueblo de Chiapas, en el sureste de México.

Enmudece, por el miedo. Por su instinto natural de protección. Porque al hablar siente que corre peligro su vida, y la de su familia en Honduras. A la grabadora habla el temor: “Es el crimen organizado. Conocen mi país como la palma de mi mano y la mera verdad son gente que tiene influencia en la policía. El narcotráfico está vinculado, desde la Migración, con el cártel. Si tú das información de ellos, siempre hay gente adentro de ellos que trabajan para ellos, entonces no está bien hablar de ellos”.

Margarita, menor de 20 años, sabe lo que es ocultar datos a un reportero: el nombre de un lugar en Chiapas, donde vivió su experiencia más traumática.

Aun a salvo en el albergue para mujeres migrantes Centro Madre Assunta, en Tijuana, a más de 4,000 kilómetros de Chiapas, de frontera norte a frontera sur, prefiere resguardar en la memoria los detalles más precisos.

En su relato, viajan ella, su tío, una amiga y otro joven rumbo a Estados Unidos, cuando son interceptados por varias camionetas último modelo en un modesto pueblo. Descienden de las naves hombres con armas de alto calibre, chalecos antibalas, “hasta fajas con granadas”. De un instante a otro viajan a bordo de los vehículos con los ojos cubiertos, a oscuras, con rumbo desconocido.

“Cuando uno le pide mucho a dios, dios mueve montañas y pues salimos de ahí con bien. No me tocaron ni el roce de una uña, pero sí estuvimos secuestrados, pero no nos hicieron nada”, dice.

Tal vez nadie más sepa qué le ocurrió exactamente. En el final de su historia ya no incluye a sus compañeros de viaje. Ella logra alcanzar una carretera y una familia cristiana le da un aventón desde Chiapas hasta la frontera norte.

Margarita es de cuerpo joven, mulato y caribeño. En distintos tiempos de su historia destaca el acoso sexual de policías, agentes de migración, narcos…

En su silencio, solo ella conoce la verdad.

Trenes y machetes

El agreste y escabroso paisaje mexicano mostró sus más feroces dientes a Holvan Renieri y su grupo en Mazatlán, Sinaloa, el puerto ubicado 1,420 kilómetros al sur de Tijuana.

A la altura de este famoso puerto costeño del noroeste de México, él y otros dos compañeros son los 25 viajeros que sobreviven montados en “la Bestia”, los trenes de carga que usan los migrantes para recorrer la geografía mexicana.

Cuando se descolgaron del tren en Mazatlán, el personal de seguridad privada les cerró el paso. Como ratones en un laberinto, el único camino libre los llevó a un callejón donde los esperaban sujetos con armas de fuego y machetes. Los despojaron de todo lo que traían encima, dejándolos solo con los bóxers puestos, desnudos y descalzos.

Holvan tiene 23 años. Bebe café y espera a que se enfríe una caliente sopa instantánea que le proporciona el módulo fronterizo del Albergue del Desierto, en la línea Mexicali-Estados Unidos. Hace apenas una hora fueron deportados por la patrulla fronteriza estadounidense.

Holvan es el único que toma la palabra: “Nos desnudaron, nos quitaron todo: los zapatos, el dinero, y todavía lo golpean con unos machetes, con lo ancho le dan en el lomo a uno”, lo dice con ropa ajena que alguien le regaló en su camino al norte.

Cualquier uniformado es una amenaza. Sobre todo en el sur de México, según explican. “Uno le corre a la policía, no por miedo a que lo agarren, sino por miedo a que le quiten el dinero a uno, ellos lo asaltan a uno… todos los policías, pues, así es… de Mazatlán, Sinaloa, para allá, es así”.

Para ellos no terminan las humillaciones. Holvan asegura que en México reciben otro trato, por ser extranjeros. Se cuidan de la policía y hasta el personal de algunos albergues para migrantes: “Tú ves cómo a todos les dan buena comida, y a uno le dan pan con lechuga y mayonesa”, describe, harto y con la piel reseca por tantos rayos ultravioleta.

Balazos iniciáticos

A sus 17 años, la aventura hacia el norte se ha vuelto para Ramón uno de esos viajes iniciáticos donde el adolescente termina por convertirse en hombre.

En esta carrera contra la pobreza económica de su madre que lo despidió en Honduras, Ramón ha visto y hecho lo que nunca imaginó. Escapó de los Maras, los Zetas, la policía mexicana. Lleva cuatro meses en su intento de cruzar a Estados Unidos.

Mientras recupera los ánimos para cruzar la frontera es empleado en una carpintería cercana al Albergue del Desierto, en Mexicali, un oficio nuevo que tal vez no encaje con su anatomía: cuerpo largo, esbelto, piel tostada, cabello rizado y ojos verdosos, como uno de esos chicos que pueden ser imaginados bajando cocos en alguna playa tropical.

¿Qué es México para este joven hondureño? “Peligro”, responde sin dudarlo.

Desde que montó “la Bestia”, junto con un par de amigos hondureños y otros dos salvadoreños que conocieron en esta aventura ya casi mítica para los centroamericanos, sorteó los peligros de la Mara Salvatrucha, cuando en Chiapas bajaron a montones del tren.

Luego, en Tierra Blanca, Veracruz, desmontaron el vagón a toda prisa, pues a balazos, personas que se identificaron como los Zetas detuvieron el ferrocarril y bajaron a los migrantes para despojarlos o secuestrarlos.

“Nosotros ya no vimos qué pasó, si los mataron o se los llevaron. Íbamos hasta atrás del tren y pues nos bajamos rápido y corrimos”.

Águila o Sol

Los caminos de México son para los migrantes centroamericanos como una moneda lanzada al aire, con el águila y el sol como único designio. La vida y la muerte en manos de alguien más. Alguien que porta un arma de fuego para gestar una realidad mexicana cada vez más violenta.

El descubrimiento de 72 cadáveres pertenecientes a migrantes en un terreno baldío de Tamaulipas, en agosto de 2010, encendió la alarma de la nueva cotidianidad: secuestrar migrantes, integrarlos al crimen organizado y, si no, matarlos.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos en México (CNDH) difundió en 2010 un estudio que documenta 214 secuestros masivos en los estados de Veracruz, Tabasco Tamaulipas, San Luis Potosí, Chiapas y Oaxaca, tan solo de abril a septiembre del año pasado.

En total, en 2010 fueron secuestrados unos 20,000 migrantes en México, según la CNDH.

Este 2011, México aprobó una ley para proteger a los migrantes. Mientras, el juez Baltasar Garzón ha mencionado que existe en el vecino país del sur una profunda crisis humanitaria.

Cálculos de distintas organizaciones señalan que unos 300,000 migrantes centroamericanos penetran el territorio mexicano en la búsqueda del llamado sueño americano.

México aprobó a mediados de este 2011 una nueva Ley de Migración, con un reglamento al que le falta dar seguimiento, pero sobre todo, poner en práctica.

Cálculos de distintas organizaciones señalan que unos 300,000 migrantes centroamericanos penetran el territorio mexicano con la intención de alcanzar la línea con Estados Unidos. En total, en 2010, fueron secuestrados unos 20,000 migrantes en México.

México al ritmo de guerra

Los muertos producto de la guerra de Felipe Calderón han creado un Estado de miedo 

Los militares están ahora en las calles, uno de ellos aquí a un costado del Palacio de Gobierno en Guadalajara. Foto RI

Ricardo Ibarra

Ya son más de 40,000 muertos desde que el presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa, inició su llamada guerra contra el narcotráfico.
Y la creciente cifra de cadáveres parece no terminar de llenar las fosas donde el futuro del país —hombres jóvenes casi todos ellos— es enterrado.
Los reporteros mexicanos publican día tras día las noticias de los balaceados, los decapitados, los levantados, los desaparecidos, los secuestrados, los enterrados, los masacrados, los torturados, los encajuelados, los enmaletados, los disueltos en sosa, las víctimas del fuego cruzado que dejan las batallas entre militares y una legión casi invisible de bandoleros que todos llaman cárteles de la droga.
Marcela Turatti, periodista de la revista Proceso, recién publicó un libro —Fuego cruzado, las víctimas atrapadas en la guerra del narco—, edición que “intenta trascender el número de muertos”, como ella dice, para contar el dolor humano de esta cruzada institucional que ha dejado montón de heridos y familias mutiladas, sin justicia, en un hábitat cercado por la corrupción, la impunidad y el miedo de convivir en una tierra sin ley.
Diversos funcionarios de la cúpula política en Estados Unidos (EEUU) —entre ellos la secretaria de Estado, Hillary Clinton—, han aplaudido la “estrategia” del mandatario mexicano contra estos distribuidores de la droga, que son quienes nutren los vicios narcóticos de millones de estadounidenses.
En este paraje de la historia reciente de México, El Mensajero entrevistó vía telefónica a Marcela Turatti.

El Mensajero (EM).–A cuatro años de esta guerra contra el narco, ¿quién va ganando?
Marcela Turati (MT).–Todos estamos perdiendo. No creo que haya alguien que esté ganando. Miedo, es el único que está ganando terreno. Veo que todo mundo está asustado, que todo el mundo está en caos, que nadie sabe qué hacer ni cómo ni dónde va a terminar esto. El gobierno dice que se han atrapado muchos capos y se ha decomisado mucha droga —más que nunca en la historia—, pero como vemos, por más capos que se agarren, hay alguien que inmediatamente los va a sustituir. Y mientras más se ataque directamente a los cárteles se genera más violencia. Vemos que los focos de violencia están relacionados con la captura de los grandes capos: inmediatamente empieza la pelea por la sucesión, por la plaza, ver quién fue el delator, el exterminio masivo de las familias. Puede que el gobierno —pues sí, su medidor es agarrar capos y decomisar drogas—, crea que con eso nos pueda decir que están ganando la guerra, pero esta guerra ha sido muy costosa para todos. Parece una guerra contra la sociedad, creo que todos estamos perdiendo finalmente. No hay nadie que esté ganando en esta guerra.

EM.–En todo combate hay una amenaza que justifica la violencia, ¿quién es el malo en esta película?
MT.–Ciertamente hay grupos criminales que están peleando. Se dice que hay siete disputas entre los cárteles, pero pues en ciertos lugares. Los límites entre quiénes son los malos y quiénes no pues son muy difusos, porque en algunos lugares —si no es que en todos—, vemos que hay policías que están del lado de algún grupo armado; policías estatales, policías federales, militares, agentes del gobierno que también ayudan a incubar a estos grupos criminales, entonces no hay que ver esto entre buenos contra malos, sino, hay que pensar que son nuestros jóvenes contra nuestros jóvenes quienes son los que están muriendo y hay que ver qué factores sucedieron para que prefirieran meterse al crimen organizado, qué empujó a tanta gente a meterse a esto, porque los que están muriendo, los que están perdiendo la vida, son los jóvenes de este país. Por eso nos debe preocupar, no es que se estén matando malos contra malos, son jóvenes en ciertas circunstancias contra otros. Así.

EM.– La violencia parece un problema epidémico, ¿hay una verdadera estrategia de combate al narco?
MT.– Esta violencia y la situación en que estamos de la narcocultura, esta sociedad que ha incubado el narcotráfico, pues no se va a resolver a balazos. Esto está muy arraigado, hay lugares donde todo mundo está metido, donde el gobierno mismo está metido. El discurso del gobierno es que la gente que está muriendo es gente que se mata entre sí, que son los malos contra los malos, y no hay ni siquiera investigación para afirmar esto. Siempre se dice eso, que es tan fácil,  que eran pandilleros, que estaban en el lugar incorrecto, que seguro tenían vínculos, pero pues vemos que no es así. Nada más se pensó en declarar una guerra, se pensó nada más en la estrategia militar y no se pensó en la violencia que podía generar, no se pensó en cómo atender a toda la gente, a todas las viudas, a todos los huérfanos, a todos los heridos, las personas que quedan lisiadas, discapacitadas, hacia dónde se van a ir las comunidades desplazadas.

EM.– La sociedad civil ha criticado esta guerra y ha salido a las calles a demandar paz, y por otro lado, EEUU alienta esta política militar, ¿debería volver el ejército a sus cuarteles?
MT.– Hay miles de personas que están sufriendo. Hay familias que están desintegradas, que están cayendo en la pobreza. Hay niños que están abandonando la escuela. Hay niños que van a tener, y ya tienen problemas afectivos grandes, no logran hacer su vida, no logran superar el duelo, no hay una atención. Es una llamada de atención urgente de que la estrategia debe cambiar y también tiene que haber otras formas de atacar al crimen organizado que no sea con más militares, que no sea con más armas, sino de una manera más integral, porque es multifactorial, de muchas dimensiones este problema. Lo que me parece es que quieren mantener así las cosas porque parece que México quiere mantener a los muertos y Estados Unidos pues librarse de cualquier responsabilidad que esto tiene, a pesar de que el consumo mayor, de mucha de esta disputa, es por el consumo de drogas en EE.UU. y también las armas con las que se están matando o nos estamos matando en México, vienen de EE.UU. Tiene que haber sensatez para pensar las cosas, para ver qué es lo mejor, para ver que esta estrategia desde el punto de vista militar solo va a generar más muertos. Lo más importante ahorita es ver cómo se restablece la paz y cómo frenamos tanta violencia.

EM.– En tu libro hablas de las víctimas de esta guerra, las “bajas colaterales” de este fuego cruzado…

MT.– Se requiere una atención urgente a miles de personas que quedaron atrapadas en este fuego cruzado, miles de personas que han perdido a un familiar, a las comunidades que han sobrevivido una masacre, a tantas personas, que son miles, que están como muertos en vida, sus vidas quedaron empantanadas emocionalmente, no les está dando la vida para seguir para adelante, que quedaron en la pobreza, en la peor de las vulnerabilidades y que necesitan atención. Hay comunidades enteras que tienen pesadillas que tienen mucho miedo que no pueden hacer su vida que están perdiendo el aparato productivo que están quedando abandonadas porque no tienen a quién recurrir.

EM.– Creel, un pequeño pueblo de Chihuahua, lo destacas como un ejemplo de lo que ocurre en todo el país…

MT.– Relato la masacre de agosto de 2008, cuando entra un comando armado a la comunidad de Creel. A la vista de todos matan a 13 jóvenes y el pueblo ahí se da cuenta de que su policía los había abandonado, se habían ido a un día de campo muy dudoso, muy raro, que su presidente municipal extrañamente tampoco estaba, no acude, y no tienen ni siquiera ministerios públicos que salieran a levantar los cadáveres. Las familias hacen lo que hacen, como todas estas familias que uno empieza a ver con ansia de justicia, esa frustración de hacerle justicia a sus hijos y encontrar a los asesinos. Se organizan, empieza cada quien por su cuenta a investigar y entre ellos comienzan a descubrir de dónde son los sicarios, dónde se esconden quién les da auxilio, empiezan a armar piezas de lo que pasó con los policías ese día dónde estuvieron. Encuentran los teléfonos celulares y direcciones de los sicarios y se lo dan a la Procuraduría, sin embargo, no van por ellos, los dejan escapar, entonces queda en duda la verdadera voluntad de hacer justicia (…). Cuando ven que no pasa nada que no se hizo justicia, ellos siguen investigando hasta que matan a uno de los papás, y logran frenarlos e inculcarles el miedo que habían perdido.  Al ponerse a investigar se dieron cuenta de que estaban parados sobre un polvorín, que es un pueblo de tráfico de drogas, que había un capo que lo cuidaba y cuando mataron al capo del pueblo pues empezaron estos ajustes de cuentas en los que sin querer esos hijos fueron muertos o quizá alguien tenía interés de aterrorizar a todos y se empiezan a dar cuenta del cochinero, que son unas farsas los operativos, de que hay ciertos arreglos, ciertos equilibrios, y esa puede ser la historia de todos, la historia a escala de un pequeño pueblo que se repite en todas las ciudades.

EM.– La violencia y el miedo parecen una cadena de consecuencias interminables, ¿queda esperanza para el pueblo mexicano?
MT.– Estamos cargando un lastre muy fuerte, como en cuatro años, casi cinco, de violencia extrema cada vez más creciente. Hay que empezar a aplicar políticas para atender a toda esta gente que se está quedando en el camino, pero también hay que repensar qué queremos como país, hacia dónde, qué estrategia es la que tiene menos costos sociales, qué políticas cambiar para evitar esto, porque por más militares y balas y guerra y ocupación territorial —que es lo que quiere el gobierno, es la estrategia—, pues la violencia, la cultura de la impunidad, la narco cultura, no se les está pegando ni a la estructura financiera de los cárteles, entonces se requiere repensar la estrategia, entrarle de diferente modo y creo que según las decisiones que se tomen al respecto es el resultado que vamos a tener, es cuánto tiempo vamos a tardar en frenar o no esta violencia. Estas decisiones tienen que ser más sensatas y más apegadas a la realidad y tienen que incluir a las víctimas que no estamos escuchando.
Si quiere meterse a la realidad atroz del México que esta guiando la política de Felipe Calderón, adquiera Fuego Cruzado, de Marcela Turatti. Ahí leerá, por ejemplo, lo que ocasionaron en 2010, 90,000 soldados en las calles, 15,000 marinos, 30,000 policías federales.
La ciudadanía ha exigido por diversas vías un cambio de estrategias al gobierno mexicano. La próxima marcha nacional por la paz y contra la guerra de Felipe Calderón saldrá de Cuernavaca el 5 de mayo y llegará a la Ciudad de México el 8 de mayo.

Ricardo Ibarra

El Mensajero

Grito silencioso por la paz en México

El 7 y 8 de mayo de 2011 ocurrió una gran marcha nacional e internacional a favor de la paz y la justicia en México, dentro de la llamada guerra de Felipe Calderón contra el narco… las ciudades aquí mostradas: San Cristóbal de las Casas, Ciudad de México, Guadalajara y San Francisco, California.

Crónica de Dolores

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El Mensajero

ImpreMedia

Ricardo Ibarra

SAN FRANCISCO.— Los viejos tiempos no fueron distintos a nuestros días. La cabeza del rebelde cura Miguel Hidalgo fue cercenada y expuesta en la famosa Alhóndiga de Granaditas, en Guanajuato, México, en 1811. El plan: advertir a los indígenas, mestizos y criollos que la sublevación no iba a ser tolerada por la Corona española, que en aquel inicio del siglo 19 controlaba el agreste territorio de la tuna y el nopal.

Hoy, los narcos tambien cortan cabezas para mandar señales de sangre a sus rivales. Tienen en jaque al gobierno federal, que encabezada por el presidente Felipe Calderón ha provocado a los grupos armados del país con su “Guerra al narcotráfico”. Y no es un grupo minoritario, el narco controla varios gobiernos estatales y locales con su dinero y armamento, como sucede en Tamaulipas. Secuestran a políticos renombrados, como a “El Jefe” Diego Fernández de Cevallos, desaparecido desde mitad de este 2010 por el presunto comando narco guerrillero, el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI).

En México, prácticamente cualquier pueblo o ciudad tiene una estatua en honor a Miguel Hidalgo. Y si es muy miserable la población, hay al menos una calle dedicada a este insurgente considerado el “Padre de la Independencia”, por alzar el famoso Grito de Dolores, con el cual incitó a sus fieles a levantarse contra “el mal gobierno”.

La ciudad de San Francisco también tiene calle y estatua. Está en el distrito de la Misión. En Dolores Park.

Pero el entorno es distinto a los sitios donde descansa la figura del insurgente en México. En este parque se puede ver durante cualquier domingo caluroso a los san franciscanos tomar el sol tirados en el pasto con todo y bronceador, sombrillas, bikini, gafas y perros sueltos.

Pobladores de distintas razas llegan, tienden alguna sábana, preparan aperitivos, charlan, toman algún brebaje con alcohol o sin alcohol y fuman yerba o la comen en galletas con sabor a chocolate que un tipo distribuye con sonrisa en la cara.

Entre esa muchedumbre hay un mexicano. No importa el nombre. Es uno más de los más de 30 millones que trabajan en Estados Unidos, la mayoría, como él, en el área de servicios. Él es uno de los paleteros que circulan por el parque, empujando el carrito con helados de la marca El michoacano. Dice que no está enterado de los festejos especiales que habrá en la ciudad con motivo del Bicentenario independentista. “Pues que festejen. Aquí es puro trabajar”, dice resignado.

En tono de broma le pregunto la fecha del famoso Grito de Dolores. No sabe. Finalmente a ese vendedor de paletas ni la Independencia ni la Revolución le heredó algún beneficio. En su país de origen la democracia existe en la demagogia de los políticos, con dos cuestionados procesos electorales como antecedente, el de Carlos Salinas en 1988 y en 2006 con Felipe Calderón.

¿Cómo llegó la estatua de Miguel Hidalgo a Dolores Park? Parece un misterio. El Consulado mexicano en San Francisco no tiene el dato.

Para el cónsul, Carlos Felix, lo más importante del Bicentenario en San Francisco es la “relación bicultural” entre mexicanos y estadounidenses: “Sin duda alguna, las aportaciones y presencia de los mexicanos en el llamado ‘Estado Dorado’ han contribuido en estos 200 años a su riqueza cultural, material, social y a servir de puente para un mejor entendimiento con México”.

Dice el dicho que las desgracias vienen en tres. Y muchos ya le han puesto el tercer nombre a la cadena de centenarios iniciada en 1810, continuada en 1910 y con este 2010 que espera su calificativo en la historia.