‘El País’ no es mi país

Mientras en Estados Unidos los inmigrantes demandamos una reforma migratoria justa como trabajadores y empleados que somos en esta nación, en México los ciudadanos rechazan la imposición de nuevas reformas impulsadas por la administración de Enrique Peña Nieto con tendencia a la privatización –mayor– de las telecomunicaciones, la educación, los recursos energéticos, fiscales y financieros.
El diario ibérico El País aplaudió estos cambios en su editorial intitulada “México gana”. Escribe dicha redacción: “No son medidas improvisadas. Han exigido previamente un cuidadoso trabajo político que ha fructificado en dos pasos históricos: una alianza nacional de los principales partidos —el Pacto por México— y el cambio de los estatutos del propio PRI, que ha liquidado sus esencias estatistas al extirpar, por ejemplo, el veto a la inversión privada en la petrolera pública Pemex”.
Cierto, todos los partidos políticos en México tienen el mismo color: el dinero y el poder. Ni izquierda ni derecha, han señalado los zapatistas desde Chiapas. Pero el petróleo, es desde la época de Lázaro Cárdenas una de las mayores riquezas de los mexicanos, más ahora en estos tiempos de vehículos motorizados y rutinas sedentarias a escala global. Las naciones presentes en territorio latinoamericano operan mediante cuerpos trasnacionales que encuentran puertas abiertas a la explotación del tesoro natural gracias a gobiernos impuestos, como el de Peña Nieto –si no fuera así, el movimiento mexicano #YoSoy132 no tendría su efecto mundial, con jóvenes que ven aquellas montañas de México, desde la realidad lejana, como exiliados económicos.
Describe El País: “Quizás por eso solo este partido podía acometer la voladura controlada de esta estructura de poderes paralelos, con pericia política, pero también con mano de hierro, como muestra la detención de Elba Esther Gordillo, la intocable líder del gremio de la enseñanza”.
El golpe mediático para encarcelar a la líder sindical Elba Esther Gordillo funcionó para mover hacia adelante la reforma educativa, pero también para reemplazarla con un cuestionado funcionario más, leal al PRI: Juan Díaz de la Torre, vinculado con priistas de Jalisco, como el actual secretario de Gobernación, Arturo Zamora –quien en su candidatura a gobernador de dicho estado, en 2006, fuera señalado por sus vínculos con narcotraficantes– y de quien Juan Carlos Banderas, líder magisterial en Guadalajara, dijera a la colega Gardenia Mendoza Aguilar: “El gobierno del estado lo investigó [a Díaz de la Torre] cuando fue secretario sindical de la sección 16 en Jalisco –entre 2001 y 2005– porque cobraba como si tuviera cuatro plazas de maestro”.
La reforma de telecomunicaciones recién aprobada tampoco beneficia a México, como formula la editorial de El País, pues vuelve a ignorar la diversidad cultural y lingüística de los mexicanos que encuentran su voz en radios comunitarias y radios indígenas, que bajo la nueva reforma continuarán ilegales para el Estado. En cambio, abre el sector a la competencia privada internacional y permite al duopolio de Televisa y TV Azteca ingresar en el mercado de la telefonía, con injerencia en el uso del internet. La comunicación, pues, es un negocio rentable.
Finalmente, El País cierra su editorial con la idea de que México tiene todo por ganar: “El país merece, más que nunca, dirigentes políticos, empresariales y sociales a la altura de su potencial”.
Los mexicanos en México y los mexicanos en Estados Unidos, finalmente, compartimos las mismas luchas –seamos ciudadanos, dreamers, indocumentados, inmigrantes o sus descendientes–, pues queda más que claro que las próximas reformas, en ambos países –migratoria y montón más en México– impulsan el empobrecimiento del mexicano en México y el arribo de más mexicanos a Estados Unidos dispuestos a ofrecer mano de obra barata al mercado estadounidense.
El regreso del PRI al México de un Enrique Peña Nieto sonriente en revistas de moda, representa la revitalización del Tratado de Libre Comercio de América del Norte [NAFTA, en inglés] –inaugurado por el gurú corrupto de los priistas, Carlos Salinas de Gortari–, pero es también un proyecto político y económico norteamericano donde ambos gobiernos resultan triunfantes con la explotación de los recursos naturales, pero también de nuestros recursos humanos.
Para ellos, todo es una mercancía y todo está a la venta.
Para nosotros, esto, simplemente, no es “ganar”.

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Solalinde, el otro sacerdote católico

La migración es una tendencia natural. Migran las aves. Migran las mariposas. Migran las ballenas y migran los delfines –esto ya me sonó a canción de la Sonora Dinamita, o algo así. Los humanos también migramos, y en el territorio mexicano el peligro está a cada paso.
Existe una lista con 26,121 nombres de personas oficialmente desparecidas durante el sexenio del ahora académico de Harvard, Felipe Calderón Hinojosa, ex presidente de México [2006-2012], presentada por la Secretaría de Gobernación a finales de febrero de este 2013.
Dicha instancia de gobierno, con Miguel Ángel Osorio Chong al frente, mencionó que de esa cantidad de “personas extraviadas” –como le llaman–, faltaba analizar, junto con el Instituto Nacional de Migración, cuántos eran migrantes en tránsito, posiblemente víctimas de acontecimientos vinculados a la trata de personas o a grupos de la delincuencia organizada.
Supuestamente, la lista era pública en el sitio de internet del Sistema Nacional de Seguridad Pública, para la consulta ciudadana. La página está deshabilitada, pareciera con ello que la promesa del gobierno priista de dar búsqueda a los desparecidos, también quedó en el olvido de la demagogia y las noticias y cifras diarias.
La organización no lucrativa establecida en San Francisco, Global Exchange, tiene este año como candidato a su “Human Rights Awards” al sacerdote mexicano Alejandro Solalinde, quien por varios años ha defendido la libertad de paso de los migrantes en suelo mexicano y quien acompañó la caravana estadounidense por la reforma migratoria rumbo a Washington D.C.
Cuando hablamos de cifras, parece que hablamos de nadie, que los desaparecidos y extraviados en territorio mexicano no son ni existen o existieron, pero cuando a esos números se les añade a los hijos, a las madres y a las familias, el dolor alcanza una dimensión imposible de contabilizar.
Para nosotros, inmigrantes en los Estados Unidos, es un asunto vital dar el voto a Alejandro Solalinde en el “Human Rights Award” –recibido por el poeta mexicano Javier Sicilia en 2012 y antes Digna Ochoa [recibido por su hermano debido a su asesinato en el Distrito Federal]–, no tanto por su labor como defensor del derecho a la libertad de tránsito, sino para focalizar el verdadero problema de la migración, que es la destrucción de las comunidades rurales, cada vez más afectadas por inversionistas extranjeros que propician la ruina de las economías locales y vulneran la cohesión social de los pueblos.
Y como dijera en Guadalajara, uno de los discípulos de Solalinde, el obispo de Saltillo Raúl Vera: “Para la reconstrucción racional del país (México), los pequeños, organizados, pueden vencer a los monstruos […] La historia puede dar un vuelco”.
Emite tu voto por Alejandro Solalinde, aquí.

 

Amuzgos en defensa del agua

Indígenas amuzgos de la Costa Chica de Guerrero, México, piden apoyo nacional e internacional para defender su derecho al agua y evitar el desvío del río Suljaa, proyectado por el gobernador Ángel Aguirre.

Pueden apoyar al pueblo Amuzgo por medio de la Radio Ñomndaa: lapalabradelagua@gmail.com.

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Peña Nieto en Venezuela

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Enrique Peña Nieto, quien ocupa la presidencia de México, jamás saludó de mano al recién fallecido Hugo Chávez, líder revolucionario de la ahora nombrada República Bolivariana de Venezuela.

Aún así, la noche de este jueves el ahora líder del PRI volará a Caracas para asistir al funeral de Chávez, acaecido oficialmente este 5 de marzo a las 4:25 de la tarde por “un paro fulminante”.

Me preguntaba, ¿cómo saludaría este “militar, lector de Eduardo Galeano y de Gabriel García Márquez” [según describió la periodista argentina Stella Calloni] –si estuviera vivo– a su homónimo residente de Los Pinos que no atinó a responder tres de sus lecturas favoritas en la feria del libro más importante de Iberoamérica, la FIL.

En su momento, Chávez llamó al ex presidente de México, Vicente Fox, “cachorro del imperio”. Luego, de Felipe Calderón dijo: “Parece que este caballerito va por el mismo camino”.

En su época –que fue también la nuestra–, Chávez impulsó innumerables cambios para la recuperación de la soberanía y dignidad venezolana, entre ellos una marea de expropiaciones y nacionalizaciones de empresas privadas en manos de consorcios extranjeros, la mayor parte de ellas petroleras, mineras y cementeras, así como importantes yacimientos de oro; además de otras industrias como las telecomunicaciones [entonces controlada por Verizon, compañía estadounidense] y electricidad, más edificaciones, viviendas, estacionamientos y tierras. Con estrategias como éstas, disminuyó la pobreza, el analfabetismo e incrementó el acceso a la salud y a la vivienda.

El viaje de Peña Nieto a suelo Bolivariano resulta en este contexto, como representante de un gobierno que a tres meses de establecido perfila la continuidad de la militarización de México como eje de apoyo para abrir las tierras fértiles y los recursos naturales a consorcios extranjeros, y en caso de resistencias, reprimir las manifestaciones de los pueblos en defensa de sus territorios, como me plantearon las analistas políticas Gloria Muñoz Ramírez y Laura Carlsen. A esto habría que sumarle la pretenciosa privatización de sectores energéticos como Petróleos Mexicanos o CFE, o de la educación pública y el incremento de los impuestos a medicinas y alimentos. Es decir, Enrique Peña Nieto impulsa, no la extinción de la pobreza, sino la extinción de los más pobres.

Me pregunto, con este antecedente: ¿Cómo saludaría Hugo Chávez a Peña Nieto?

Lo que es seguro: el color rojo que comparten ambos gobiernos navega por una marea con muy distintas corrientes.

En La Opinión

Trasnacionales protagonizan reconquista de México

Noticias bajo el Sol | Podcast

México vive un proceso de recolonización en sus territorios indígenas y rurales por parte de consorcios trasnacionales que acechan los recursos de la Tierra, bajo la protección del ejército y del gobierno federal de Enrique Peña Nieto.

Participan: Gloria Muñoz Ramírez, directora de Desinformémonos y la directora de Americas Program, Laura Carlsen.

Conducción de Ricardo Ibarra

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